dilluns, 23 de febrer de 2009

La fraternidad de Elna

La historia de la suiza Elisabeth Eidenbenz es poderosa. Como tal vez sabrán, regentó una maternidad en la localidad norcatalana de Elna entre 1939 y 1944, cuando fue clausurada por los nazis. Eidenbenz veló por las vidas de 597 bebés que nacieron en su residencia, regida por una fundación humanitaria de capital suizo. Fundamentalmente, eran hijos de las internas en los campos, por decir algo, de refugiados republicanos de Sant Cebrià, Argelers y Ribesaltes. Assumpta Montellà publicó, hace ya más de tres años un trabajo de investigación periodística que reseguía múltiples hilos de una historia tan coral como esta. El libro se tituló La maternitat d'Elna (Ara Llibres) y pronto se convirtió en un fenómeno. Su prosa precisa, ya trasladada a otras lenguas, transmitía con eficacia el choque emocional que implicaba mezclar la perversión de la guerra (como en todas las guerras) con la inocencia de la vida (como en todos los nacimientos). Se da la circunstancia que en estos últimos años decenas de niñas catalanas han recibido el nombre de Elna gracias a la divulgación de esta historia. El pasado 12 de junio Elisabeth cumplía 95 años. Por eso, los editores decidieron convocar a todas las Elnas en el parque de la Ciutadella el domingo 8 de junio. La foto colectiva de tocayas fue un éxito y luego Montellà viajó a Suiza para regalársela a la protagonista del asunto. Recuerdo haber escrito que, por fortuna, el espíritu humanitario suizo recaló en Elna y no en otros municipios rosellonenses de nombre menos eufónico, como Banyuls, Bulaternera, Parestortes, Pollestres, Queixàs... Por más buena voluntad que le hubieran puesto, ya me dirán si alguna madre en sus cabales llamaría Banyuls a su retoño...

Si hoy retorno a la galaxia Elna es porque este domingo tuve el gusto de ver la versión teatral que Rosa Galindo y el pianista Luc Olivier Sánchez protagonizan en Can Pistoles, es decir, en el Club Capitol de la Rambla barcelonesa. Reconozco que asistí con cierta prevención, porque transformar una investigación periodística como la que publicó Montellà en un espectáculo teatral de pequeño formato no me parecía nada sencillo. La intensidad emotiva inherente a la historia podía degenerar en hemorragias sentimentaloides o en el puro panfleto y lo reducido del formato podía comportar excesos discursivos. Nada de eso sucede aquí. La dramaturgia de Pablo Ley, la dirección de Josep Galindo y una banda sonora exquisitamente interpretada por Luc Olivier Sánchez elevan la sensacional actuación de Rosa Galindo a lo memorable. He leído y oído muchas descripciones de los campos de concentración en las playas francesas, entre otras cosas porque mi tío estuvo en el de Barcarès. En cada playa, tres de los cuatro lindes eran de alamabrada, pero no olvidaré a Rosa Galindo cantando La Mer de Charles Trenet tras describir la cuarta pared. El teatro permite abrir nuevas puertas en un muro que parecía impermeable. Veremos qué pasa con la anunciada versión cinematográfica producida por Jaume Roures, dirigida por Manuel Huerga y escrita por Lluís Arcarazo y Jordi Galcerán, cuyo blog Elnafilm.com anuncia que está en fase de preproducción. Será la tercera manera de contar una misma historia, con armas muy distintas a la del periodismo de investigación o la adaptación dramatúrgica. Puede que los hechos de Elna acaben siendo explicados en todos los lenguajes. A ver quién se anima a contarlas en cómic, en novela o en ópera. Si alguna historia puede generar secuelas multimediáticas, es sin duda la de una maternidad. Ahí es donde empieza todo.

Màrius Serra. La Vanguardia. 24 de febrer de 2009.

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