dilluns, 9 de març de 2009

Alejarte o acercarte

Mientras ciertas agencias de publicidad gerundenses insisten en deslocalizar las playas de la Costa Brava en nombre de la modernidad, la Biblioteca de Palafrugell innova de veras. Ubicada desde el año 2001 en el edificio modernista de la antigua "Cooperativa la Económica Palafrugellense", la biblioteca ofrece desde este septiembre un interesante servicio de préstamo denominado Arteca. Se trata, simplemente, de exponer en un espacio de la biblioteca las obras de los artistas locales con la posibilidad de que los usuarios se las lleven un mes a sus casas mediante el mismo sistema de préstamo gratuito que ya funciona para los libros. Todo ello con un protocolo perfectamente establecido que incluye la donación al municipio de una de las obras expuestas por parte del artista de turno. Liderada con acierto por la directora de la biblioteca Carme Fenoll y el artista italiano aficando en Palafrugell Tano Pisano, la iniciativa ha tenido una excelente acogida. Tanto entre los usuarios como entre la numerosa comunidad artística que pinta y expone en tierras ampurdanesas. La idea es tan simple como eficaz: acercar el arte a la gente mediante unos canales accesibles a todos, en un proceso antonímico al de la estulticia turística. Basta comparar la lectura del famoso cartel de la playa australiana que pretendía anunciar la Costa Brava con alguna de las marinas pintadas al óleo por Jaume Toh que este sábado podían verse en la biblioteca de Palafrugell. Unos intentan generalizar el deseo de viajar de las masas mediante paisajes (difusos) que reúnan todas las miradas y ninguna. Los otros pretenden particularizar el paisaje mediante su trazo (personal) que parte de su mirada y pretende llegar a todas. Por eso tiene tanto sentido hacer posible que podamos llevarnos una de esas piezas únicas a casa para colgarla durante un mes en cualquiera de nuestras paredes. Puede que luego quien la tuvo quiera retenerla y el artista gane nuevos compradores, pero lo más importante es que las piezas circulen y las paredes domésticas pierdan la virginidad. La Biblioteca de Palafrugell abre una puerta lateral que oxigena los canales de distribución pictórica, más allá de galerías y museos.

La práctica del préstamo de obras de arte es la adaptación del alquiler que proponen muchas artotecas europeas. La Artothèque Saint Lambert de Bruselas, por ejemplo, es un centro artístico inaugurado en 1972 que ha ido reuniendo una colección notable de piezas de arte contemporáneo. En los setenta, los artistas que exponían allí cambiaban sus obras por unas vacaciones en la playa, un televisor en color o los objetos más variopintos. Actualmente, tiene tres tarifas de abonados: gratuitos (estudiantes de arte), 30 euros anuales (particulares) o 185 euros anuales (empresas), y las tarifas de alquiler dependen del valor económico en que esté tasada la pieza, pero oscilan entre 9 y 111 euros al mes, más 7 por el seguro. En Alemania operan más de un centenar de artotecas que proponen en alquiler obras muy diversas. Puedes acabar llevándote a casa un Max Ernst, un dibujo de Günter Grass o una fotografía de Man Ray. Lo malo es si te encariñas de ellos. La última exposición del admirado Perico Pastor en la Sala Parés se titulaba "Salon des Réfusés" (en referencia histórica a la exposición de cuadros descartados por la Academia francesa) y contenía unos cestos con dibujos y esbozos rescatados por el artista entre sus descartes y ofertados a precio de saldo. Espero que su próxima exposición sea en una biblioteca, en régimen de préstamo.

Màrius Serra. La Vanguardia. 10 de març de 2009.

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