dimecres, 4 de març de 2009

Devaneos de diván

Ayer, en este espacio vecino ocupado por las Cartas de los Lectores, Lídia Garcia Chicano firmaba una titulada "Nens autistes". Lidia explicaba que ella es madre de un niño con trastorno del espectro autista y luego pasaba a replicar algunas de las afirmaciones contenidas en el amplio reportaje sobre personas con discapacidad intelectual que se publicó en el Magazine (22/II/2009) con el título "Con derecho a la felicidad", con textos de Celtia Traviesas y fotos de Mar Arias. Un reportaje magnífico que reseguía seis historias distintas de seres diferentes: dos novios con síndrome de Wilson, discapacitados en grado diverso que acuden a centros especiales o talleres ocupacionales, diversos síndromes de Down... Uno de los retratos era el de Anna, cuyo trastorno es de la misma índole que el del hijo de Lidia, autista. Ahí, la pluma ágil de Traviesas no puede contar con el recurso directo del diálogo y recurre a un cierto lirismo de innegable belleza literaria: "Los autistas son personas dentrodemí, metáforas supremas del universo interior que todos guardamos" o "A veces, baila sola delante del espejo como una muñequita china, y alcanzarla es duro como perseguir los rituales de un embrujo". Se pone estupenda, vamos. Y Lídia se lo reprocha en su carta, con firmeza exenta tanto de sarna como de sorna: "Conviure diàriament amb l'autisme és molt dur i calen dosis enormes d'amor. No ens serveixen explicacions del tipus son metáforas supremas... ni misticismes com ara alcanzarla es tan duro...". Probablemente, la madre no le reprocharía nada a la periodista de no ser por una afirmación previa sobre el autismo: "La sintomatología autista es frecuente en niños que vienen de orfanatos con pocos medios por la falta de afecto y caricias que a veces sufren durante los primeros meses de vida". Eso es lo que pone en guardia a la madre, entre otras cosas porque es médicamente falso y responde a una visión del autismo ya periclitada. La réplica es dura: "Són milers les famílies catalanes afectades per l'autisme; insinuar que la manca d'afecte i carícies causen aquest trastorn em sembla d'una gran crueltat i d'una ignorància extrema".

Lidia lleva razón. Uno de los errores más clamorosos en la historia de la neuropsiquiatría fue la aproximación psicoanalítica al autismo. A raíz de la publicación del libro protagonizado por mi hijo, en los últimos meses he hecho un máster acelerado sobre todas las etnias de la afectación cerebral. En la Biblioteca de La Garriga, tras una lectura de fragmentos de mi relato, pude saludar a los promotores de la Congost Autisme Fundació, cuya intensa labor empezó en 1976 a partir de Joan Roca y Lídia Fina, padres, como la lectora Lídia Garcia, de un hijo con el trastorno de espectro autista. Roca y su otra hija Marta me contaron la angustia con la que vivieron la situación muchos padres de niños dentrodemí en la época sesentayochista, cuando el diagnóstico neurológico del autismo no estaba nada claro. El protocolo médico llevaba a esos padres al psiquiatra y muchos, sin saber cómo ni tener a Woody Allen filmándoles, se hallaban echados en un mullido diván, a la búsqueda y captura de traumas ignotos que explicaran la mala relación que sus esquivos hijitos tenían con ellos. Es decir, que tu hijo enferma y el médico insiste en buscar la causa en ti, persiguiendo los rituales de un embrujo. Naturalmente, muchos padres se culpabilizaban, y esa culpa era una bola de fétida nieve que un cónyuge iba pasándole al otro, hasta que todo se deshacía como una metáfora suprema del universo. Es lo que tiene el lirismo.

Màrius Serra. La Vanguardia, 5 de març de 2009.

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