dilluns, 30 de març de 2009

Lance de fortuna

El significado de la expresión “lance de fortuna” desprende un tufo premonitorio muy inquietante si lo relacionamos con el suceso que el lunes pasado agitó las convulsas aguas del ciclismo internacional. Busquemos, por ejemplo, cómo define “lance de fortuna” María Moliner: “accidente imprevisto que cambia la situación de alguien”. Es la primera expresión que recoge en la entrada lance (lanzamiento, pero también suceso) seguida de “lance de honor” (desafío), “de lance” (de segunda mano) o “tener pocos lances” (ser fácil). Lo premonitorio pasa por asociar esa voz castellana con el nombre de pila de Lance Armstrong, cuyo accidente en la primera etapa de la Vuelta a Castilla y León posterga su retorno. Como sabrán, el heptacampeón del Tour no ha sido capaz de superar el tedio de la jubilación y pretende protagonizar un retorno por todo lo alto a sus 37 años. Cuando, el lunes pasado, empezó a pedalear por la Meseta ya había disputado el Tour Down Under en Australia, el Tour de California, la clásica Milán-San Remo y estaba prevista su presencia en el Giro de Italia, en mayo, de cara al Tour. Armstrong no corría en España desde hace cinco años. Su presencia, junto a Contador, en la modesta Vuelta a Castilla y León revolucionó el cotarro, pero el hervor bajó de inmediato, porque el gran campeón tuvo que abandonar ya en la primera etapa, disputada el lunes pasado entre las localidades palentinas de Paredes de Nava y Baltanás. Armstrong se vio involucrado en una montonera tremenda y no sólo no pudo escapar de ella, sino que se fracturó la clavícula al sprint, pilló una pájara morrocotuda y le expatriaron a contrarreloj. Su nombre original es Lance Edward Gunderson, pero si tenemos en cuenta que su nombre deportivo Arm-strong puede traducirse como “brazo fuerte”, el “lance de fortuna” protagonizado por míster Lance no deja de ser chocante. Por mucho menos, conozco a unos cuantos que escribirían libros sobre el sentido de la vida, darían cursos de criptografía premonitoria e incluso montarían sectas partidarias de descifrar las casualidades onomásticas.

Lo más trascendente del accidente inesperado de Armstrong es su proyección hacia el pasado, revalorizando todos sus triunfos. Durante su largo reinado en el Tour (1999-2005), no tuvo lances de (mala) fortuna como éste. Com suele decirse, le respetaron las lesiones. De hecho, su historia de superación marcó un hito en el deporte internacional, porque a Lance Armstrong se le había detectado un cáncer testicular con metástasis pulmonares y cerebrales mientras disputaba la Volta a Galicia en 1996 y su recuperación fue prodigiosa. Volvió a competir en 1998 psicológicamente fortalecido hasta alcanzar la cima del ciclismo, superando el palmarés de los cuatro pentacampeones del Tour: Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain. Armstrong siempre infudió seguridad en carrera y más de una vez dio la impresión de correr protegido por los dioses. ¿Recuerdan cuando Beloki cayó descendiendo La Rochette y el norteamericano se salió de la carretera? Era el 14 de julio de 2003. Beloki estaba a sólo 40 segundos de Armstrong en la general y la carrera se presentaba más abierta que nunca. Beloki se pegó un morrazo de categoría, rompiéndose el fémur y la muñeca. Armstrong, en cambio, le esquivó, se salió de la carretera, bajó montaña a través haciendo ciclocross y volvió a la carretera milagrosamente. No quiero ni imaginar qué habrá sentido Joseba al ver a Lance atrapado en una vulgar montonera en una carrera modesta, rompiéndose la clavícula en un lance de fortuna tan común para los simples mortales que van en bici.

Màrius Serra. La Vanguardia. 30 de març de 2009.

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