diumenge, 15 de març de 2009

San Cucufate los desate

Ayer terminó la Setmana del Llibre en Català, que por primera vez no se ha celebrado en Barcelona ni ha contado con el apoyo de los libreros. Sant Cugat ha liderado la Setmana situando diversas carpas en los aledaños del monasterio. La organización ha conseguido montar un programa de actos digno y concurrido, enhorabuena, pero ahora deberá reflexionar sobre el incierto futuro de la Setmana, abocada a la división gremial, la recesión económica y el exilio interior. La idea de montar una gran librería comunitaria que contuviera todo el fondo en catalán nació en 1983 en el vestíbulo de la estación de Sants, cuando aún resonaban las voces de la Crida porfiando porque la benemérita Renfe hiciera sus comunicaciones (también) en catalán. Cuando en 1987 empecé a publicar, mi primera presentación fue en ese vestíbulo. Guardo una foto, que subastaré cualquier día por eBay, flanqueado por la editora (Pilar Rahola) y el presentador (Sebastià Serrano). Por Sants transitaban muchísimos viajeros que tropezaban con los libros sin querer, y un porcentaje notable de ellos acababa perdiendo los trenes, a pesar de que en el estilo Renfe no son puntuales ni tan sólo los retrasos. Pero algo tan bueno no podía durar. En 1989 la Setmana sufrió el efecto Vivaldi y cambió de estación, al balneario Estació de França. El batacazo fue tan evidente que al año siguiente se buscó una nueva ubicación y la Setmana entró en su etapa más “estable”, que duraría entre 1990 y 2005, en la Sala Marquès de Comillas de las Drassanes. Nada podría igualar el flujo humano de Sants, pero las estrategias para incitar al rambleo funcionaron y el público se mantuvo más o menos “estable” (el entrecomillado no enfatiza nada, es un homenaje al marqués). Desde 1999 las sedes se multiplicaron, con extensiones en Girona, Tarragona, Palma, Perpinyà y fantasías animadas en Madrid y Nueva York para darle un toque chic al programa. Fue en la de Palma, en el 2001, la última vez que vi con vida a mi amigo Gabriel Galmés. Biel bajó de Manacor para decirme que había comprobado que ninguna edición de la Setmana había durado siete días. Eso le fascinaba casi tanto como que los catalanes entendiésemos que “un parell” (de galletas, de libros...) significa dos, cuando en boca de un mallorquín es un número indeterminado, un puñado.


Los últimos años de la Setmana son de carpa (diem). En el 2006 se produjo un cambió de modelo que partía de una idea complicada: las novedades se venderían en las librerías (excepto el día de las firmas de los autores) y la carpa central de la Setmana (en plena plaza Catalunya) sólo contendría fondo. Aclaración para lectores jóvenes: el fondo editorial consiste en libros cuyo pie de imprenta señala una fecha anterior a los últimos tres meses y, en algún caso perverso, incluso de los últimos tres (o trece o treintaytres) años. La etapa carposa duró un trienio, hasta que las voces contra la carpa en la plaza de Catalunya dieron paso a una sucesión de ofertas de sede que no cuajaron. Al final, la negociación cedió, los libreros iniciaron su sedición y san Cucufate (cuyo nombre podría provenir de la expresión fenicia para denominar a los bromistas), acogió a los libros en catalán con carpas renovadas. El futuro se presenta incierto. La itinerancia es la solución más rancia, aunque podrían aprovechar para adjudicarlo a la ciutat pubilla de la sardana de cada año. La permanencia en Sant Cugat está muy bien, pero la ausencia de Barcelona es una vergüenza. Tal vez si la transformaran en la Setmana del Reiki en català... Que venga a cantar Javier Krahe.

Màrius Serra. La Vanguardia. 16 de març de 2009

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