dissabte, 11 d’abril de 2009

Contestador contestatario

Estos días previos al puente santo el ritmo cotidiano se ve alterado por las vacaciones escolares. Vivimos una época revisionista en todos los ámbitos, y la escuela no escapa a la imperiosa necesidad de cambios, aunque las fuerzas vivas del sector no estén demasiado por la labor que impulsa la Conselleria. En la última reunión escolar a la que asistí, los padres recibimos un chiste impreso muy revelador del estado de ánimo del personal docente. Un mensaje dicharachero redactado por algún profesor anónimo con alma de guionista. Por lo visto, circula entre profesionales de centros públicos y privados, con independencia de su posición ante la nueva ley de Educación. Es un decálogo de nueve puntos y estrambote. Un presunto mensaje grabado en el contestador automático de la escuela, como el que saltaría si llamásemos hoy. Aunque me temo que, en este caso, aquel tópico periodístico de que "la realidad siempre supera la ficción" queda desmentido, porque no conozco ninguna escuela capaz de poner algo semejante en su contestador. El presunto mensaje empieza con un saludo cordial y encadena diversas opciones para cuya elección hay que seleccionar una tecla. Lo normal, en estos casos, es que te ofrezcan dos o tres opciones, pero aquí te dan hasta nueve: "Si llama para justificar, mintiendo, la ausencia de su hijo/a a clase, pulse 1". En todo el texto cada vez que se alude a los estudiantes se les llama hijo/a, aunque no soy capaz de imaginar cómo pronunciarían la barra en la grabación. ¿Hijoa, Hijohija, Hijobarrahija? Las otras ocho opciones son estas: "Si es para justificar que su hijo/a no trajo la tarea marcada dando toda clase de excusas, pulse 2. Si es para quejarse sobre cómo hacemos nuestra tarea, pulse 3. Si es para maldecir al personal docente, pulse 4. Si es para preguntar sobre alguna información no recibida que ya fue previamente enviada en circular informativa, en la agenda escolar y/o en alguna de las libretas de trabajo de su hijo/a, pulse 5. Si es para solicitar que se revisen de nuevo las calificaciones que ha obtenido su hijo/a en alguna asignatura porque es merecedor/a de unas mejores notas a la vista del cuantioso tiempo que dedica a sus estudios en casa, pulse 6. Si lo que usted desea es golpear, insultar o pegar a algún profesor/a, pulse 7. Si usted se ha puesto en contacto para presentar alguna queja sobre el servicio de transporte escolar, pulse 8. Si usted llama para presentar alguna queja sobre la calidad o cantidad de comida que le sirven a su hijo/a en el comedor escolar o sobre el trato que reciben por parte de las Auxiliares de Servicios Complementarios, pulse 9. Ahora bien, si usted es consciente de que su hijo/a debe estar comprometido con su participación en las clases, con la realización de sus tareas escolares en casa y, además, tiene claro que los primeros educadores son los padres y que los docentes no somos los responsables de la falta de esfuerzo e interés que muestra su hijo/a por los estudios, entonces ¡¡¡Cuelgue el teléfono y déjenos trabajar!!! ¡Que pase un buen día!".

Reconozco que cuando, en junio de 1990, empecé a publicar Els mots encreuats de La Vanguardia, definía la palabra "aula" como "sala de tortura estudiantil"; ahora, en cambio, la defino como "sala de tortura professoral". Los docentes se ven acosados por todos los frentes, su prestigio social es intolerablemente bajo y muchos padres les toman por el pito del sereno. Pero mal irán si se enrocan y se niegan a cambiar las reglas del juego. La sabiduría es flexibilidad, tal como nos enseñaron nuestros mejores maestros.

Màrius Serra. La Vanguardia. 7 d'abril de 2009.

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