dilluns, 20 d’abril de 2009

Hay para alquilar sillas

Uno de los mejores libros que he leído en los últimos meses es Anatomía de un instante, de Javier Cercas. Cercas parte de las archiconocidas imágenes del 23-F para desmenuzar cada detalle y entender el giro que pudo darse y no se dio en 1981. Su operación es impecable. Extirpa gestos concretos de personajes clave y luego los lanza a las turbulentas aguas del contexto histórico, como si fueran pastillas efervescentes. El novelista, creador de ficciones, acepta la herencia de un pliego de historias y decide no novelar. Escribe historia con hache intermitente. Lee como un doctorando, entrevista como un reportero, interpreta como un investigador, pero al final no escribe como un cronista. Escribe, aunque suene a pleonasmo, como un escritor. Salamina entró en su tarjeta de visita porque el personaje Cercas se entrevistó con Sánchez Ferlosio para iluminar aquel instante de Sánchez Mazas que inmortalizaría en su novela. Aquí el autor Cercas también se entrevista con implicados antes de escoger el instante sobre el que fundamentará su colosal anatomía: Suárez sentado en su escaño presidencial mientras que Tejero y compañía disparan en el hemiciclo. Tenemos al Suárez sentado, sí, pero Cercas no se conforma con ese instante. Volvemos al ruedo con Gutiérrez Mellado de pie, zarandeado por los golpistas y también con Carrillo, el otro único diputado que se mantuvo sentado. A Blas Piñar, ni mentarlo. Suárez es el eje. Falangista de provincias con gran sed de poder, director de la Televisión Española que construyó la figura mediática del rey campechano. Cercas le llama chisgarabís (sinónimo extraordinario de persona informal, equivalente al recuperado chiquilicuatre), pero se esmera en retratarle con cariño. Al final el libro será un monumental homenaje al padre de Cercas, un extremeño corriente emigrado a Catalunya que votaba a Suárez, para gran escándalo de su hijo. Anatomía de un instante es un libro emocionante, que reivindica la potencia de la narrativa para explicar el mundo, desde la invención o desde la veracidad, con un estilo deslumbrante que logra transformar los datos en episodios y viceversa.

La galería de personajes es excepcional, pero destacan Suárez y Carrillo por su funambulismo sobre la cuerda floja de la fidelidad. También Gutiérrez Mellado, golpista en su juventud y antigolpista en su vejez, tiene su aquel, pero el apuesto Suárez pasando del Movimiento a la quietud es excepcional. Y Carrillo, tragando con lo que Suárez le propone para poder legalizar al PC tras haber depurado, ejem, a múltiples camaradas que no se ajustaban a las rectas líneas del partido. El pasado viernes, las páginas culturales de El Periódico (16 y 17) recogían una entrevista con Cercas y diversas piezas relativas a este magnífico libro. El azar lingüístico quiso que en la edición catalana, la columna dedicada a Carrillo llevara, bajo su foto, este título: "Santiago Galta. Un professional de la política i del poder". Naturalmente, se trata de un error del proceso traductor, puesto que en castellano carrillo es sinónimo de mejilla o moflete, de modo que la máquina lo vertió al catalán transformado en galta, con el consiguiente doble sentido, a mi entender adecuadísimo al personaje, y nadie lo detectó. Me parece un error afortunado. Mi amigo Ricard Fité, responsable de las cuestiones lingüísticas del diario, ya sabe que soy partidario de exhibir los errores en positivo. Algunas perlas que depara la compleja producción de dos versiones lingüísticas de un mismo diario son impagables. Ojalá pronto pueda cometer errores así en esta columna.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns 20 d'abril de 2009.

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