dijous, 16 d’abril de 2009

Tarragona 17 - Madrid 16

Tarragona acaba de presentar su candidatura para ser la sede de los XVIII Juegos del Mediterráneo que se celebrarán el año 2017. Desde que Alejandría los acogió en 1951, estos minijuegos olímpicos entre países bañados por el Mare Nostrum se han celebrado en quince ocasiones. Las diez primeras un año antes de los Juegos Olímpicos, como para prepararlos. Desde 1993, al año siguiente, como para resarcirse de unos malos resultados. Por eso, este año postpequinés se celebrarán en la localidad italiana de Pescara, los del 2013 están adjudicados a la griega de Vólos-Larisa y los siguientes, en el aún lejano 2017, son a los que opta Tarragona. Si lo consigue, la ciudad de los Escipiones, del Serrallo y del Nàstic será la tercera población catalana que acogerá unos Juegos del Mediterráneo. La primera fue Barcelona en 1955. La segunda sucedió en 1993, cuando por vez primera se celebraron tras unos Juegos Olímpicos (Barcelona 92, en este caso) y también fue la primera (y única) vez que no los organizó una ciudad sino una región. Concretamente el departamento francés de Languedoc-Rousillon, en cuya demarcación administrativa el Estado francés diluye, desde hace tres siglos, lo que retuvo de Catalunya, que no es poco como descubrirán si se dan el gusto de leer los notables libros de Joan-Daniel Bezsonoff o de Joan-Lluís Lluís. Tal vez la marea olímpica de Barcelona llegó hasta Perpinyà en 1993, igual como la de la candidatura olímpica de Madrid 2016 podría salpicar a la mediterránea de Tarragona 2017. Sea como sea, Tarragona reúne todas las condiciones para unirse a una lujosa ruta mediterránea que, tras Alejandría y Barcelona, siguió por Beirut, Nápoles, Túnez, Esmirna, Argel, Split, Casablanca, Latakia, Atenas, Languedoc-Rousillon, Bari, Túnez (bis), Almería y ahora Pescara. Lo que no está tan claro es que Madrid también reúna todas las condiciones para albergar los Juegos Olímpicos 2016.

Ahora que ni la Champion's futbolística ni la Final Four baloncestística no ocupa ni un minuto de su ocio deportivo, un amigo madrileño me escribe para hacerme notar un detalle relativo a la candidatura olímpica de Madrid. Se ha dado cuenta de una constante que le tiene preocupado: los Juegos Olímpicos consecutivos nunca suelen repetir continente, de lo que deduce que la candidatura de Madrid 2016 tiene pocas posibilidades de suceder a Londres 2012, máxime cuando las tres otras candidatas (Chicago, Río de Janeiro y Tokio) sí cumplen con la alternancia continental. Y si eso es tan evidente, ¿por qué Gallardón y compañía no optaron directamente por la siguiente convocatoria de 2020?, se pregunta. Ni mi amigo madrileño ni yo hemos hallado ninguna norma escrita que lo exija, pero lo cierto es que la regla de la alternancia continental se repite, invariable, durante la segunda mitad del siglo XX. Los últimos Juegos Olímpicos de Pequín 2008, en Asia, sucedieron a los europeos de Atenas 2004, y estos a los de Sidney 2000, en Oceanía. Tomemos sólo los europeos como muestra: Roma 60 va entre Melbourne (Oceanía) y Tokio (Asia); Munic 72 entre Ciudad de México y Montreal (América); Moscú 80 entre Montreal y Los Ángeles (América); y Barcelona 92 tras los asiáticos de Seúl 88 y ante los americanos de Atlanta 96. La única vez que la norma de la alternancia se rompió fue tras Berlín 36, pero es que la Segunda Guerra Mundial había anulado dos convocatorias (40 y 44) y se recuperaron ambas en Europa: en Londres 48 y Helsinki 52. Mi amigo, que es merengue, ya habla del síndrome Huntelaar.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 16 d'abril de 2009.

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