Lo copio del pueblo

Una de las luchas de ingenio más intensas es la que libran los defensores del orden (de cualquier orden) y quienes desean saltárselo a cualquier precio (y si es gratis, mejor). La sofisticación en los métodos operativos de los delincuentes es directamente proporcional a los avances de la policía científica. Cuando se descubrió la capacidad identificadora de las huellas digitales los ladrones empezaron a usar guantes. Al saber que un simple pelo da más información sobre un sujeto que su perfil de Facebook, la pelambrera empezó a ser clave en la construcción de falsas pruebas incriminadoras. La condición humana vive en permanente estado de tensión entre el bien y el mal, el esfuerzo y el morro, el despilfarro y el ahorro. Un ejemplo reciente de esta tensión es la proliferación de textos copiados de internet que circulan por los centros educativos. Y no sólo educativos, claro, aunque la quintaesencia de estas prácticas sea Elrincondelvago.com, en cuyo buscador acabo de hallarme, glups, en diversos trabajos sobre narrativa catalana enviados por las usuarias Meritxell (7 páginas), Marta Sanz (6) o Tevione (3)... No hay nada malo en copiar. De hecho, la transmisión cultural se fundamenta en la imitación y en la copia. Lo malo es hacerlo indiscriminadamente, sin citar la procedencia y, sobre todo, sin añadir nada de nuestra cosecha. Basta con recombinar de un modo original las piezas preexistentes para que nuestra copia sea original. De hecho, todos los sintagmas que contiene este artículo deben haber sido usados más de una vez en los más de mil años de textos en castellano. Lo preocupante es el calco acrítico de ideas, frases, párrafos o artículos enteros. Los pensionistas del rincón del vago son muy celosos de su vagancia. Como mucho, van a la wikipedia, copian y pegan.

Pero eso va a cambiar. La semana pasada se presentó en el Citilab de Cornellà la aplicación gratuita Approbo (el verbo latino más soñado por los estudiantes). Desarrollada por la empresa Symmetric, Approbo permite comprobar en línea si un texto se sustenta en las habilidades de su autor o si, por el contrario, contiene fragmentos copiados de alguna fuente accesible en internet. La idea es clara. Si un profesor (o periodista, editor, comité científico o novia despechada) sospecha que el texto que acaba de recibir es menos original que la fórmula de Florentino Pérez para reinventar al Real Madrid, sólo tiene que subir el fichero a la aplicación en approbo.citilab.eu. En pocos segundos se muestran las coincidencias detectadas en la red con las presuntas fuentes resaltadas en rojo acusador. Es una aplicación multilingüe que trabaja con diversos motores de búsqueda que no se limitan a la cita literal, sino que valoran el grado de similitud entre el original y sus posibles fuentes. Si el uso de Approbo se generaliza, algo probable en una aplicación gratuita, los profesionales de la copia deberán generar una versión 2.0 del copiar-y-pegar para esquivar las prestaciones del detector. Una opción sería el uso sistemático de los sinónimos para hallar maneras alternativas de decir las mismas cosas que otros han dicho. Así, sin darse cuenta, estarían reproduciendo uno de los milagros más abrumadores de la humanidad ejemplificado en la historia de la literatura y del pensamiento: llevamos miles de años diciendo lo mismo de maneras diferentes.

(Acabo de pasar este artículo por Approbo. Ha detectado 3 ocurrencias en un blog mexicano, una web argentina y en pasionporloerotico.blogspot.com. Siempre la misma frase: "no hay nada malo en copiar").

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns 18 de maig de 2009.

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