Nunc hic aut numquam

El jueves pasado, mientras yo conducía hacia su Valencia natal, Mavi Dolz moría a los 47 años de edad. El comunicado del Institut Ramon Llull, en cuyo seno Mavi ejercía de jefa del área de Lengua y Universidades, lo atribuía a una "malaltia sobtada", que rima con putada. La noticia me pilló a entierro pasado, de vuelta de su país, que es también el mío. Mavi fue, ante todo, una persona vital, capaz de desdoblarse y redoblar el tiempo con una intensidad increíble. Sus 47 años valen por 94. Mavi se movió siempre en el mundo universitario, tanto en la Universitat de València como en la UAB, la UOC o últimamente el IRL. Irradiaba energía y gustaba de compartirla con generosidad. Seguro que entre los lectores de esta columna habrá alumnos suyos de los años ochenta y noventa en la UAB cuyas testas empezarán a oscilar adelante y atrás en este mismo momento, en un gesto de íntimo reconocimiento por todo lo recibido. Mavi nunca se amilanó. Baste recordar su actitud ante una situación corriente en nuestra universidad: profesor que empieza la clase en catalán, tal como consta en el programa, y se enfrenta a un estudiante que le exige que se pase al castellano, porque no le entiende. Mavi sonreía, impasible, y les decía que les ayudaría a enriquecerse aprendiéndolo. Acto seguido, seguía la clase en catalán y traducía cada frase al castellano a un ritmo endiablado, como de "esto es un medicamento, lea detenidamente las instrucciones..." Incluso los castellanistas más militantes dejaban de pedírselo y las clases proseguían en catalán. El día que conocí a Mavi en Valencia cometí un error. No hacía ni cinco minutos que nos había presentado Salvador Alsius cuando le pregunté por su nombre. ¿Mavi? Me bastó mirarle a los ojos para entender que había metido la pata. No voy a revelar aquí lo que me respondió, entre otras cosas porque su nombre de veras fue Mavi, pero tras unos minutos de tensión nos fuimos a tomar un arroz a La Matandeta y luego me paseó por la Albufera para explicarme, con ejemplos gráficos de niñas fotografiándose en traje de primera comunión, qué era la coentor.

Mavi me inició muy pronto en los Obrint Pas de Xavi Sarrià, el grupo musical valenciano que hoy goza de mayor proyección internacional, pero siempre la recordaré por una rareza musical que esta semana he vuelto a escuchar. Me regaló un disco de un finlandés que cantaba a Elvis Presley en latín y en sumerio. Por lo visto, le había conocido en algún sarao universitario. Se trata del doctor Jukka Ammondt, que en los noventa grabó un par de álbumes extravagantes. Primero uno de tangos traducidos al latín, lo que le mereció una medalla del Vaticano, y luego un mítico "The legend lives forever in latin", que es el que me regaló Mavi. Escuchar "Can't help falling in love" silabeado como "Non adamare non possum" tiene su punto, pero el mítico "Love me tender" transformado en "Tedere me ama" ya es brutal. Para acabar de rematar su jugada filológica Ammondt tradujo también el famoso "Blue suede shoes" al sumerio, un idioma que se hablaba entre tres y cuatro siglos antes de Jesucristo en el sur de Mesopotamia. Para hacernos una idea, el estribillo "But my sandals of sky-blue leather do not touch" queda, aproximadamente, "Nig-na-me si-ib-ak-ke-en, e-sir kus-za-gin-gu ba-ra-tag-ge-en". Mavi me dijo que Ammondt tenía una respuesta sensacional para quienes le preguntaban por qué lo hacía: porque Elvis era de Memphis. Para quienes no creemos en ninguna versión del más allá siempre es así: "It's now or never". Mavi Dolz, descanse en paz.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 7 de maig de 2009.

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