¿Sabadassa o Terradell?

Hablo con una amiga que dirige una oficina de Caixa de Terrassa. La veo preocupada. El contexto de recesión, por exponerlo de un modo que parezca que sé algo de economía, nos afecta a todos, pero no por igual. Cada gremio es un mundo, con sus cifras, sus ayudas y su índice de parados. Si el paro es un espejo, los empleados de banca se lo miran por delante y por detrás. La clientela que antaño pedía créditos o contrataba planes de pensiones ya sólo les visita para sacar el dinero del paro. El empleado cruza los dedos para no ver ese mismo subsidio en su cartilla. Entre las cajas de ahorro existe el convencimiento que, tarde o temprano, se van a producir cambios importantes. Fusiones. Incluso el president Montilla, en su proverbial laconismo, admitió que eso era posible. De ahí que mi amiga ande preocupada, porque una fusión siempre conlleva una cierta confusión: oficinas duplicadas que operan en la misma zona, lucha de titanes en los consejos de administración, movimientos sísmicos en los diversos niveles jerárquicos... Cambios de todo tipo, en definitiva, que tanto pueden mejorar tu situación personal como, más probablemente, empeorarla. Existen muchos precedentes en el sector, empezando por la remodelación absoluta del sector bancario cuando la gomina de Mario Conde saturó las tragaderas del sistema. Acrónimos como el BBVA son un ejemplo criptográfico de compactación (Bilbao, Vizcaya, Argentaria y una larga retahíla de entidades sin derecho a letra). Otros, como el BSCH, ya han superado la fase inicial de absorción de nombres (Santander, Central, Hispano) y desde 2007 vuelve a ser, simplemente, el Santander. Entre las cajas, la fusión más sonada fue la de la Caixa de Pensions per a la Vellesa i d'Estalvis de Catalunya i Balears con la Caixa d'Estalvis i Mont de Pietat de Barcelona. Su nuevo nombre sigue siendo largo, pero eludieron el acrónimo y optaron por un entrecomillado insuperable: "la Caixa" (ojo, porque las comillas transforman el genérico en algo tan registrable como el logo de Miró).

Mi amiga tiene la percepción que pronto vivirá una de estas fascinantes experiencias. La pregunta del millón de euros es con quién se fusionará su Caixa. Por lo visto, las cajas catalanas viven en estos momentos un guateque perpetuo. Las unas sacan a bailar a las otras, pero nadie sabe a ciencia cierta con quién se agarrará cuando pasemos de los rápidos a los lentos. En esta fiesta de corbatas y trajes chaqueta se forman corrillos, se lanzan faroles, se flirtea y se vive con ardor cada escaramuza. Pero, de momento, nadie ha triunfado aún. De hecho, nadie es demasiado experto en estas lides, entre otras cosas porque para todos los invitados va a ser la primera vez. En algún caso, puede que se estrenen por todo lo alto, como las cajas que dependen de las diputaciones, que podrían montar una cama redonda como quien no quiere la cosa entre Tarragona, Girona y Catalunya. Las otras se tantean en silencio, sin dejar de tontear, para intentar calcular sus posibilidades. Penedès, amparado en su tamaño, emite mensajes de macho alfa, como diciendo que él sólo admite sumisas. Las otras cinco podrían intentar jugar a las cajas chinas. Puestas en fila por miles de millones de euros, Sabadell, Terrassa, Laietana, Manresa y Manlleu esperan su momento. Con los números en la mano, la pareja más equilibrada la forman, justamente Caixa Sabadell y Caixa Terrassa. Mi amiga, que no es vallesana, sonríe ante la aparente paradoja que supera todos los tópicos de la raça y la pell. En el Vallès, ¿unirá el interés lo que separó el desamor?

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 28 de maig de 2009.

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