dimarts, 23 de juny de 2009

El Coca de Sant Joan

No me extrañaría que en Can Cruyff, esta noche de sant Johann la coca fuera mentada como el coca, pero no es el inimitable holandés quien provoca este artículo. El Coca en cuestión es un escritor, de nombre Jordi, sobre cuyo apellido se edifican juegos de palabras con una facilidad preocupante. Entono el mea culpa por haber iniciado el juego en el año 2001. Coca ganó el premio Sant Jordi con una de sus mejores novelas, Sota la pols, y yo acababa de publicar Verbàlia, de modo que aún me corroía el vicio de buscar ejemplos de los cincuenta modos de juego verbal que me propuse documentar en catalán, castellano, inglés, italiano y francés. Esa incesante búsqueda y captura lo perturbaba todo, hasta el punto que muchos días solía romper mi regla de oro: sólo exteriorizo uno de cada diez juegos de palabras que se me ocurren. Esa proporción siempre me ha funcionado. Me permite mantener la mayoría de mis relaciones y no caer en la más estrepitosa de las soledades. El día de sant Jordi del 2001 rompí esa regla y, entre los múltiples damnificados, estuvo Jordi Coca, a quien recuerdo haber dejado estupefacto en una sesión compartida de firmas cuando le espeté que "sota la pols de coca" podía hacer pensar en un mundo algo distinto del que evoca la novela.

Esa fue la única vez que me permití un juego de palabras con Coca, pero no fue el único que suscitó. Pronto su magnetismo verbal se hizo patente de un modo inesperado. El 8/I/2002 publiqué un runrún sobre una extraña campaña de marketing que la casa de neumáticos Dunlop había emprendido en Canadá, ofreciendo dinero a todos los canadienses apellidados Dunlop que cambiaran oficialmente su apellido por el de Dunlop-tire, que era la marca que deseaban promocionar. La empresa sufragaba el trámite y ofrecía 25000 dólares a los primeros 50 Dunlops que accedieran a modificar su apellido. Esa misma semana recibí una carta alucinante, que reproduzco parcialmente intentando preservar el anonimato de su autora: "Su artículo me ha dado tema para recordarles a mis hijos lo que yo siempre (en broma) les había dicho y lo comprenderá cuando vea mi apellido, ya que me llamo P. Cola B. De pequeña este apellido me causó bastantes malos ratos, ya que de niños somos muy crueles, pues me llamaban Pepsi Cola (a mi madre no se le ocurrió otra idea que ponerme en la bata del colegio P. Cola). De joven no me causó problemas pero al pensar que si me enamoraba de un señor que se llamara Coca mis hijos se apellidarían Coca Cola... Nunca me he planteado ganar dinero con esto, pero sí que muchas veces he querido escribir a las multinacionales de Coca-Cola y Pepsi-Cola para ver si al menos nos invitarían a ver sus instalaciones en América. También me gustaría saber, si no es indiscreción por mi parte, la edad del escritor Jordi Coca, pues yo tengo 53 años y como la ficción siempre supera la realidad, mis hijos hubieran podido llamarse Coca Cola y en estas épocas donde el Marketing y la Publicidad están a la orden del día a lo mejor no tendrían ya que preocuparse por su futuro". Me fascinó la idea de P, y se la trasladé al mismísmo Jordi Coca, que por aquel entonces tenía 55 años. Nunca supe si J. y P. contactaron.

Ya había olvidado el episodio cuando he leído que el bueno de Jordi Coca acaba de ganar su enésimo premio literario, con una novela titulada La nit de les papallones. Enhorabuena, Jordi, pero no digas que llamándote Coca y presentándote al premio Sant Joan no te has buscado un artículo así.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 23 de juny de 2009.

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