El mono de las tres copas

Hoy, lunes de Pascua Granada, las lenguas de fuego se posarán sobre las cabecitas monolingües de buena voluntad y les darán el pentecostalista don de la palabra. Pentecostés remite a cincuenta. De hecho, hoy es el quincuagésimo día después de la primera Pascua, tras el domingo de Resurrección. Cerramos, pues, el ciclo pascual más azulgrana de la historia, y respiramos aliviados ante el fin de la dictadura bicolor. Porque, por más culé que uno sea, deberá reconocer la existencia de los otros colores del arco iris. ¿O tal vez no? ¿Tal vez este ciclo pascual tan intenso va a dejarnos más colgados que un amor de verano? Detecto a mi alrededor seres humanos de toda raza, fe, origen y condición que pululan con la mirada perdida. ¿Qué van a hacer, a partir de hoy? Se les reconoce a la legua, porque llevan la misma camiseta azulgrana desde hace días y apestan. Deambulan como zombis por las calles a la espera de un estímulo sonoro que reactive sus cánticos tribales. Apenas articulan palabra. Sólo emiten sílabas inconexas. Que si Co, que si Pa, que si Lli, que si Ga, que si Cham, que si Pi, que si Ons... una jerigonza. Se buscan, bocina en mano, se abrazan sin mediar palabra e incluso huyen de los calendarios en los que consta cla-ra-men-te que ayer domingo 31 de mayo finalizó la temporada oficial de fútbol 2008-2009, nuestros admirados guardiolitas empezaron unas merecidísimas vacaciones y NO van a volver a jugar hasta dentro de muuuuuchas semanas.

La Conselleria de Salut debería instar a sus profesionales a afinar las antenas para detectar, describir, diagnosticar y combatir eficazmente el nuevo síndrome de abstinencia que amenaza con sacudir a nuestra sociedad a partir de hoy mismo. No sabemos aún qué síntomas presentarán los afectados, aunque tenemos algunos referentes a los que atenernos. Quienes hemos dejado de fumar más de una vez (y más de quince), sabemos que los primeros días sin humo son tremendos. El deseo irrefrenable de volver a fumar no nos abandona. Estamos tensos, irritables, con la cabeza embotada, dormimos mal, no nos concentramos y normalmente comemos como bestias carroñeras, con el consiguiente efecto sobre nuestro perímetro abdominal. En el caso de los adictos al alcohol, los primeros síntomas de la abstinencia suelen aparecer entre 12 y 24 horas después de la última copa, y consisten en temblores, escalofríos, debilidad general, dolor de cabeza, deshidratación y náuseas más intensas que las de la resaca. Todo ello acompañado de un deseo ferviente de volver a tomarse una copa. Claro que en grandes bebedores, y me temo que el caso de nuestro Barça de las tres Copas entraría dentro de esta categoría, además de todo lo señalado, puede producirse algo mucho más grave. El famoso delirium tremens, que ocurre entre dos y diez días después de la última copa, y puede tener consecuencias gravísimas. Incluso, glups, mortales. Atención, familiares de culés con camiseta incrustada en la piel que leáis esto, los síntomas son claros: ansiedad, desorientación, pesadillas al dormir, sudoración excesiva, aceleración del pulso, depresión profunda y alucinaciones (el suelo se mueve, la cama gira, cosas así...) Algunos llegan al llamado síndrome de Korsakoff, que consiste en la pérdida de memoria de acontencimientos recientes (si os preguntan, ¿qué hicimos en Roma?). La buena noticia es que, a diferencia del alcoholismo, el barcelonismo se cura tomando más copas. Y hasta finales de julio, siempre nos queda el mueble-bar de Canal Barça, con sus partidos Gran Reserva.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns 1 de juny de 2009.

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