Disputas arrobaleras

En 1971, el creador del sistema de correo electrónico decidió usar una @ para establecer la que sería la primera dirección electrónica de la historia: tomlinson@bbn-tenexa. No creo que Ray Tomlinson sospechara que estaba lanzando al estrellato universal a esa letra híbrida que conocemos como arroba y que en aquel momento los anglosajones sólo usaban en algunas relaciones numéricas entre unidades de medida. Para Tomlinson escribir @ equivalía a interponer la preposición inglesa at (en) entre su nombre y su ubicación digital. El origen latino de la arroba suena igual que en inglés, pero es ad (hacia, entre otros sentidos según el contexto). Solapando las letras (minúsculas) a y d, alargando el rabito inferior de la a y revolcando a la parejita hacia la derecha se acabó gestando la hoy celebérrima @, una a con rabo en espiral que algunos nos empecinamos en denominar ensaïmada. Hubo una época de gran fervor por la arroba, en la que incluso los partidos políticos la utilizaban para intentar demostrar su gran implicación contra el sexismo lingüístico. Por fortuna, ya casi nadie escribe ciudadan@s o compañer@s para demostrar lo igualitarista que es. La arroba, en estos casos, actúa de plumero: dime de qué presumes y te diré de qué careces; es de c@j@n. Pero ahora que su omnipresencia digital ha estabilizado un uso más funcional, llegan las primeras disputas por su origen.

ABC, Diario de Sevilla, El Mundo y algunos otros medios sevillanos se han hecho eco de la investigación de unos italianos que sostienen que la primera @ de la historia fue escrita en Sevilla. La fuente es una carta de 1536 enviada por el mercader florentino (valga la redundacia) Francesco Lapi desde Sevilla a Roma, en la que se describe la llegada de tres barcos de América repletos de tesoros: «Así una @ de vino, que es 1/13 de un barril, vale 70 u 80 ducados...». Esta arroba pasaría por ser la primera aparición gráfica de la ensaïmada, y así lo recogió este mayo Robert Mackey en The Lede (The New York Times News Blog), reproduciendo la carta. Pues bien, anteayer el escritor aragonés Jorge Romance (historiador medieval y autor romántico en diversas lenguas romance), dio una nueva vuelta de tuerca a la búsqueda de la arroba primigenia. Romance escribe un interesante blog en castellano y aragonés denominado Purnas (chitando purnas ta l’aire). Si lo visitan en purnas.com y buscan el apunte de este martes (“La arroba no es de Sevilla, ni de Italia”) darán con arrobas más antiguas. Reproduce una @ (una cuarta parte de un cafiz y el doble de una fanega, alrededor de 12 kilos) en una entrada de trigo procedente de Castilla en “el registro de la taula de Ariza de 1448”. Luego vuelve al Archivo del Reino (actualmente Archivo Provincial de Zaragoza) para mirar aleatoriamente algunos registros más, y da con otras, en Calatayud o Monzón, de 1444 y 1445. Los registros aduaneros del Reino de Aragón gravaron las mercancías hasta 1713, y la arroba como medida de áridos se representaba con la famosa ensaïmada. ¿Quiere esto decir que la @ es aragonesa? No. Romance es mucho más sensato que la prensa sevillana. “Ningún investigador podrá acceder a toda la documentación medieval. Quien afirma que Francesco Lapi escribió por primera vez una arroba no lo hace con mala fe, sino con desconocimiento (...) Simplemente, la arroba no es de origen sevillano ni florentino, y la primera @ documentada ya no es de 1536 sino de al menos 90 años antes”.

Se abre la veda. Yo creo que el distrito grú@ (digo 22@ de Barcelona) debería convocar un concurso.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 2 de juliol de 2009.

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