dissabte, 4 de juliol de 2009

Economía sumergida

Este sábado, en la Fira d'idees i invents Attic de Vilanova i la Geltrú, escuché la mejor definición que me ha dado nunca un empresario sobre los objetivos de su empresa. Acabábamos de dar una charla sobre creatividad junto a Andrés Torres cuando el señor Pere Forés i Malleu me abordó, tarjeta en mano, y me aseguró: "a la nostra empresa som els únics que, per tenir èxit, ens hem d'enfonsar". La paradoja me sedujo. En tiempos de crisis, que un empresario sueñe con alguna modalidad de hundimiento parece más una parafilia que un sueño. Pero no. Forés es un tipo serio que dirige la empresa "Ictineu Submarins". Su agudez me recordó un comentario gastadísimo por mi padre, cuya respuesta a cómo iba el negocio familiar (una zapatería) era siempre: "va per terra". Aún con la tarjeta en la mano, intenté contraatacar con una dosis de predestinación nominal al leer el nombre de la calle donde está sita la empresa de submarinos: la calle Llacuna! Una sede compartida con el Centre Català de Recerca Submarina, que pretende cubrir las muchas lagunas existentes en este terreno, especialmente lacerantes en un país con tantos quilómetros de costa.

El proyecto empresarial de construir un submarino civil es de primera magnitud. En noviembre de 2007 iniciaron la ingeniería para el llamado Ictineu-3, y tras 17 meses de cálculos escrupulosos, la certificadora Germanischer Lloyd validó el proyecto el pasado marzo. Finalmente, encargaron las piezas y el montaje del submarino se está efectuando en las instalaciones del Museu Marítim. De hecho, los trabajos se pueden seguir pasando por la fachada principal del museo, en las Reials Drassanes, de modo que si son público habitual de las obras públicas, apúntense esta en su agenda privada. Está previsto completar el Ictineu-3 este otoño si logran reunir el 20% de costos que quedan por financiar, hasta alcanzar un monte de 0,016 cristiano-ronaldos. El aspecto del habitáculo es parecido al de un helicóptero y sus usos científicos serán de índole muy variada, sin descartar los recreativos. El Ictineu-3 va asociado a un catamarán de 18 metros que lo transporta y ejerce de base para los trabajos oceanográficos. Algunas características técnicas del submarino permiten hacerse una idea de la magnitud del proyecto: 5 toneladas de peso; 4,8 metros de eslora, por 1,9 de manga y 2.8 de puntal; un tripulante y dos pasajeros a bordo; una velocidad de 2,5 nudos en superficie y un máximo de 4 en inmersión; una autonomía de 24 millas de distancia y 10 horas de trabajo, con teléfono submarino que cubre 6 millas y reserva de oxígeno para 15 días.

Anteayer se cumplieron 150 años de la primera inmersión de prueba que Narcís Monturiol efectuó en el puerto de Barcelona con su Ictineu. El día del orgullo Gay acaparó ayer el espacio en prensa. Salir del armario está muy bien, pero deberíamos enorgullecernos, también, de nuestros soñadores más capaces, como Monturiol, y sacarlos del fondo del mar del olvido. En la feria de los inventores que dirige el gran Pep Torres, el estand de los monturiolistas compartía espacio con el de un joven iraniano, Mohsen Bahmani, que exponía dos dispositivos en forma de catamarán que se colocan en los pies y permiten caminar sobre el agua. Más allá de la metáfora religiosa que este curioso sistema hidráulico literaliza (y que hubiese neutralizado el cargante chascarrillo de mi padre) no veo qué interés puede tener caminar sobre las aguas si lo comparamos a la posibilidad de sumergirse en ellas hasta posarse en la superficie marina.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 30 de juny de 2009

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