dijous, 16 de juliol de 2009

Pregones florentinos

Castelló d’Empúries ha conseguido salir en los medios sin montar ningún escándalo ni ser escenario de ningún crimen. Enhorabuena. Estos días se habla de la capital medieval ampurdanesa gracias a una curiosa iniciativa municipal. Hartos de remover cielo, tierra y cuenta corriente para hallar pregoneros ilustres para su fiesta mayor, han decidido organizar la O.P. (Operació Pregó), un concurso de pregones entre sus ciudadanos. Las bases son muy simples. Hay que presentar un texto festivo con dos únicas condiciones: que no vulnere los derechos fundamentales de las personas ni incluya injurias hacia sus conciudadanos. Un jurado de expertos eligirá entre los presentados. El premio, amén de un diploma acreditativo, consiste en la lectura pública del pregón el día 10 de agosto, supongo que desde el balcón del ayuntamiento. El alcalde, Salvi Güell, no para de conceder entrevistas para explicar la iniciativa, que le permite ahorrarse la partida presupuestaria destinada a un personaje relevante para que ejerza de pregonero. La jugada les ha salido redonda, porque no sólo ahorran sino que obtienen una notoriedad inesperada. La expectación por el pregón del 10 de agosto será mayor que en otras poblaciones, a menos que alguien contrate a Berlusconi, Ronaldo o Nakamura (me disculparán los culés, pero cuando escribo el Barça aún no ha fichado a nadie).

El pregón de fiesta mayor es un género literario muy puñetero. Consiste en un forastero que llega a un lugar para invitar a los lugareños a su propia fiesta. En el mejor de los casos, el pregonero mantiene (o mantuvo) alguna relación con la localidad en cuestión, pero en un porcentaje elevado de los casos nunca antes pisó sus calles. La primera vez que me pidieron que hiciera un pregón me negué porque nunca había estado en esa localidad. Me dije que sólo aceptaría hacer el pregón donde viviese, y como la ciudad en la que siempre he vivido es Barcelona, colegí que mi férrea decisión me liberaba por completo de dedicarme al género. Pero me equivocaba. Desde entonces, ya he pregoneado en Vilanova i la Geltrú (patria de mi familia materna, donde pasé grandes momentos en mi adolescencia), Matadepera (donde pasé grandes momentos en mi niñez), Horta (donde paso grandes momentos cada día) e incluso en la Fira del Gall de Vilafranca (no me hagan confesar por qué). El perfil del pregonero de fiesta mayor es muy variado. Normalmente, se empieza buscando a alguien del pueblo con una cierta proyección. Si la nómina es muy corta, se pasa a la siguiente fase: hijos ilustres de la localidad que, por circunstancias que nunca vienen al caso, la abandonaran y hayan triunfado lejos de su patria chica. Aquí, cuanto más lejos, mejor. Agotada esta cantera de posibles pregoneros emigrantes, se tiende a explorar los diversos escalafones de personajes ilustres, populares o famosos que cada consistorio tenga más a mano. Y aquí es donde se genera un nuevo mercado en el que, en la mayoría de los casos, el contenido del pregón es lo de menos. La cuestión es que venga el Cristiano Ronaldo de turno, digamos, al precio que sea. Este florentinismo pregonil es el que combate el modelo Castelló. Pero la vida da muchas vueltas. Puede que a partir de ahora otras poblaciones imiten la Operació Pregó y que, por ello, nazca una generación de pregoneros premiados por O.P. cada vez más conocidos, que luego serán requeridos para demostrar sus dotes en otros pueblos a lo Susan Boyle. Es decir, cobrando en relación a su capacidad de seducir audiencias desde los balcones.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 16 de juliol de 2009.

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