dilluns, 20 de juliol de 2009

¿Y qué hago con Aarón?

Coinciden en el tiempo tres campañas basadas en ofertas 2x1. La del macho alfa Beteta que considera que cada catalán vale por dos madrileños, la del president Laporta que lo corrobora comunicando al mundo que Ibrahimovic es catalán y Eto’o madrileño, y finalmente la Campaña Aa del ministerio del Interior en comandita con Cruz Roja. Centrémonos en este tercer 2x1. La propuesta es clara: nos piden que entremos en nuestro móvil a quien queramos que avisen en caso de accidente tras dos letras A (Aa por avisar a). Hoy casi todo el mundo lleva móvil, de modo que, si se da el caso, simplemente se trata de fisgonear en la lista de contactos. Cuando, hace cinco años, tuve un accidente de moto, acabé yaciendo en el asfalto de la calle Calvet en calzoncillos con el móvil en una mano y la cartera en la otra mientras una sanitaria rubia me practicaba todo tipo de tocamientos en la zona lumbar. Como nunca perdí ni la compostura ni la conciencia, todas las llamadas las hice yo desde el interior de la ululante ambulancia, pero si el casco no hubiese amortiguado el impacto, yo no sé a quién hubiera llamado la rubia. La gente suele entrar a sus familiares más directos por el nombre de pila —Joan, Josep, Ignasi— o por algún mote —Jan, Pitu, Nasi—. También se dan casos de literalitis en los que la gente los ficha por el rango —Mama (por su madre o por la madre de sus hijos), Germana, Tieta— o añade algún elemento de parentesco a su nombre de pila —Lola cunyada, Lola nòvia cosí Jan, Lolita dimecres—, pero en general no hay quien se aclare. De ahí la campaña conjunta de Interior y Cruz Roja, enmarcada en la estrategia de prevención de accidentes “Prevenir es vivir”. Si todo el mundo siguiera las indicaciones de esta Campaña Aa, en caso de accidente, los sanitarios del SEM (Sistema d’Emergències Mèdiques) sólo tendrían que localizar el primer teléfono de la guía y llamar. Por ejemplo, Aa, espacio, Mama; o Aa, espacio, Lolita dimecres.

La idea es buena. Práctica y sencilla a la vez. Pero también tiene su aquel, porque te obliga a tomar una decisión que no es tan simple como parece. En principio, el nombre tras la doble A debería ser el de alguien muy próximo: la pareja, el padre, una hermana, algún hijo... Pero basta pensar en ello tres minutos para ver que no es tan sencillo. Porque una cosa es tener un accidente y poder llamar tú: decides a quién llamas, modulas el grado de dramatismo del mensaje en tono tranquilizador (o alarmista)... sabes cómo das la noticia. La cosa cambia radicalmente si una voz desconocida llama a esa misma persona para comunicarle el accidente con el agravante que tú no puedes corroborar nada porque estás en el limbo. Tal vez es mejor que reciba la llamada alguien de confianza, sí, (Lolita dimecres), pero no tan cercano como para quedarse apabullado por la noticia (Mama). Alguien capaz de responder sin aspavientos — “ah”— y de ponerse en marcha sin sufrir un ataque de angustia. Estaría bien, por tanto, avisar al contacto antes de adjudicarle la doble A en nuestro móvil. Porque lo más seguro es que se dé cuenta igualmente. ¿Cuántas veces no hemos llamado sin querer al primero de la lista? Basta dejar el teclado sin bloquear y el azar hace el resto. Durante años, mi amigo Antoni Abad me devolvió, desde cualquier rincón del planeta, llamadas que yo no tenía conciencia de haberle hecho. Hola Antoni, si ya no ha vuelto a suceder es sólo porque conocí a un Aarón que te desbancó en el número uno de mi lista. Hola Aarón. Sigo bien. Si algún día te llaman (a Israel) de mi parte, tú ni caso.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 20 de juliol de 2009.

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