El índice Spam Jones

Por más filtros antispam que inventen, la basura digital sigue siendo ingente. En días como hoy, a la vuelta de vacaciones, miles de usuarios hallarán sus buzones saturados de correos electrónicos indeseados e incluso indeseables. Más allá del engorro de desbrozar el vertedero, no vaya a ser que perdamos algún mensaje importante, un simple vistazo a los asuntos de los descartados resulta bastante ilustrativo. Seguro que en alguna recóndita facultad de comunicación ya hay algún doctorando doctorándose en la lectura de la realidad a través de las tendencias que marcan los mensajes Spam en cada momento. Y si no lo hay, debería, porque los valores que componen el índice Spam Jones presentan una lectura muy amena. Dejando de lado los muchísimos mensajes de condolencia que he recibido a lo largo de este duro mes de agosto, que agradezco de veras, el plancton impersonal del que también se nutre mi buzón más público ha cambiado notablemente, de un año a otro. Mientras envío centenares de correos a la papelera, veo en sus asuntos que se mantienen los títulos de temática sexual, ya sea ofreciendo Viagra u otros productos farmacológicos, señoritas rusas con una sincera predisposición a casarse, tratamientos para alargar el pene o productos porno. Desaparecen las ofertas de hipotecas que el año pasado, por estas mismas fechas, amortajaban nuestros buzones con sus mortgages a unas condiciones de ensueño. Bajan las estafas de tipo especulativo disfrazadas de inversión segura, blanqueo de dinero procedente de algún regimen africano derrocado o premio millonario en alguna lotería global. Y suben, como la espuma, las ofertas de trabajo. Es decir, las estafas disfrazadas de salida laboral, con asuntos como “Necesitamos empleados” o “Cooperación con una firma grande”.

Entre los escritos en presunto español, el que más circula ofrece un salario mensual igual a 2,939 euros + bono (en minúscula) por una “ocupación no completa” y un “horario de trabajo variable” para formar parte del grupo de administradores en España de una empresa internacional. La oferta es tan inverosímil como una novela de Paulo Coelho, cuyo última obra El vencedor está solo, empieza con una frase digna de Spam: “Uno de los temas recurrentes en mis libros es la importancia de pagar un precio por los sueños”. El propio Coelho podría firmar la primera frase de mi Spam preferido: “Yo soy director para asuntos de selección de una importante firma internacional”. Luego se especifica que la firma en cuestión se dedica, entre otros, a asuntos “inmobiliarios”, “apertura y acompañamiento de las cuentas bancarias” y “fundación y abolición de las empresas”, frases dignas de Coelho. Reconforta descubrir que las cuentas se acompañan, aunque resulta inquietante saber que una empresa también puede ser abolida, como una ley. El interlocutor, que firma con una cuenta en gmail de nombre ilegible y un cargo digno del Prado —“Director de cuadros”—, nos pide los datos, entre los que se cuenta el teléfono, para que “nuestro representante puede comunicarse con Ud. por teléfono para dar una entrevista”. No lo intenten. Es una estafa.

Los estafadores de la era digital deberán pulir sus textos para superar el lastre de la inverosimilitud al estilo de Coelho, pero demuestran tener intacto su olfato para que “paguemos un precio por nuestros sueños”. Hace un año, nos ofrecían grandes sumas de dinero e hipotecas baratas. Hoy se limitan a ofrecer un buen sueldo. De eso se llama adecuar la oferta a la demanda. Por fortuna, siempre nos queda el sexo.


Màrius Serra. La Vanguardia. 1 de setembre de 2009.

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