ESO no es todo, amigos

Hoy es uno de aquellos días de imágenes intercambiables. Como el inicio de las rebajas de enero, sant Jordi o Navidad. Todos los noticiarios mostrarán carteras, niños llorando, maestras cantando, barracones y padres estresados. El nuevo curso escolar tiene sus variables, entre las que destaca el espectro neogriposo, pero en general la sensación de familiaridad es tal que podríamos zanjar la jornada con la clásica animación del “That’s all, folks” que por estos pagos se tradujo como “Eso es todo, amigos”. Pero ESO no es todo. Lo descubrí en Sant Cugat hace una semana, escuchando a dos profesionales de la educación. Sucedió en el CEIP Collserola, tras pronunciar la conferencia inaugural de este curso. Hablé de lengua, claro, desde una óptica más hedonista que agónica, entendiendo el catalán como fuente inagotable de placer que es preciso transmitir e intentando matizar la visión apocalíptica de quienes consideran la telefonía móvil u otras tecnologías digitales como graves amenazas para la lengua escrita. Me escuchaban el alcalde Lluís Recoder, el consistorio en pleno, y un gran número del profesorado que hoy estará al frente de las aulas, incluidos los organizadores del CRP, un acrónimo que designa, en el argot educativo, a los Centres de Recursos Pedagògics. En ese contexto oí, por primera vez en mi vida, mentar al Getaf. El Getaf? Agucé el oído por si hablaban de fútbol, pero pronto me di cuenta de que no se referían al rival liguero que el Barça se cepilló 0-2 este sábado en Madrid, sino a cuestiones informáticas de su competencia. Inquirí hasta descubrir que el GETAF es otro acrónimo educativo que designa la Gestió Telemàtica d’Activitats de Formació. Ah.

Constaté que el mundo de la educación, como tantos otros sectores, anda plagado de acrónimos que los implicados utilizan con total naturalidad, para gran perplejidad de los no implicados. Recordé una película que nos echaron hace treinta años en el teatro de los Salesianos de Horta, cuando cursábamos BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) y nos acercábamos peligrosamente al COU (Curso de Orientación Universitaria). Como preparación preuniversitaria, los padres (porque en los Salesianos nunca les llamamos hermanos sino padres, aunque no sé si eso querrá decir algo desde un punto de vista freudiano) nos hicieron ver Los chicos del PREU, una peli pacata que presuntamente debía motivarnos a escoger bien nuestra carrera. En aquel momento, el PREU (Curso Preuniversitario) acababa de caducar y nuestro COU era el último grito. Hoy, el bachillerato ha perdido su sigla pero los estudiantes de ESO (Educació Secundària Obligatòria) resuelven los ejercicios de clase en PDI (Pissarra Digital Interactiva) y seguro que pronto hallarán un modo abreviado para referirse al ordenador portátil que sus padres ayudan a financiar en algunos IES (Institut d’Educació Secundària). El problema de los acrónimos es que suscitan repeticiones indeseadas, porque IES es también el Institut d’Estudis de la Salut, una institución de la Generalitat com el ICE, el INCASOL, el INCAVI o incluso una patriótica IDIADA (Institut d’Investigació Aplicada a l’Automòbil). La educación anda repleta de siglas casi tan sorprendentes como el impagable GETAF: LGAI es el Laboratori General d’Assaigs i Investigacions, POD el Pla d’Ordenació Docent, TIU la Targeta Intel·ligent Universitària... e incluso uno puede dejarse caer en un CAE (Centre de Suport a l’Estudiant). Acostumbrados a convivir con tantas siglas, no acierto a imaginar qué les da miedo de los mensajes SMS.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 14 de setembre de 2009.

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