La prueba de la nuez

La última vez que sucedió lo que pasará mañana inauguraron unos Juegos Olímpicos. La penúltima, unos sanfermines y la antepenúltima aprovecharon la coincidencia numérica para convocar el estreno mundial de un mediocre remake de “La profecía”. La conjunción de cifras que mañana presidirá esta página, y todas las demás, es la novena vez que se da en los últimos nueve años, y aún se repetirá otras tres veces: el diez de octubre de 2010, el once de noviembre de 2011 y el doce de diciembre de 2012. Luego caerá en un letargo de 89 años y 19 días, hasta el uno de enero de 2101. O incluso, según como se mire, de 989 años y 19 días, hasta el primer día del año 3001.

Mañana llegamos al noveno día del noveno mes del año dos mil nueve. Es decir, el 9/IX/2009 en la notación que utilizamos aquí en La Vanguardia, o el 9/9/9. La triple coincidencia de día, mes y año es un hito que suele ser aprovechado para publicitar algún evento. Una fecha formada por un triplete facilita su memorización e incluso neutraliza la diferencia de orden propia de la notación anglosajona, que antepone el mes al día. Además, como bien sabemos los seguidores del Barça, un triplete siempre refuerza las ansias celebratorias. De ahí que las autoridades chinas no dejasen escapar el 8/8/8 para inaugurar los Juegos de Pequín. Y de ahí que los promotores de la Burj Dubai, la torre que es ya la estructura artificial más alta del mundo, hubiesen elegido el 9/9/9 para inaugurarla, tras cinco años de obras y una inversión billonaria. Hasta ahora, la torre más alta era la de Taipei, en Taiwan, con una altura de 509 metros. Las estimaciones actuales sobre las dimensiones de la Burj Dubai, antena incluida, van entre 818 y 890 metros. Es decir, como irnos al Nueva York de los rascacielos, acercarnos al Empire State Building y ponerle encima la Torre Sears, que ahora se llama Willis, pero sigue midiendo más de 400 metros. O sea, que el 9/9/9 estaba destinado a ser el gran día de la inaguración de la Burj Dubai, capaz de albergar a una población de 35.000 personas, algunas de las cuales han pagado 3,5 millones de dólares por un apartamento de un solo dormitorio. Sin embargo, el contexto de recesión económica también pesa sobre este monstruo y en julio los promotores anunciaron un retraso de dos meses. La nueva fecha provisional de inauguración es el 2/12/9, que, francamente, ni fu ni fa.

Huérfano de celebraciones para el 9/9/9 andaba cuando mi cartero Isidre me trajo una invitación postal presidida por una gran nuez llena de nombres. Se trata de un acto cultural inclasificable organizado, en Mataró, por un colectivo llamado “els n9u n9us”. Traducir el texto sería traicionarlo: “09 09 09 és una noua intervenció amb nouranta-nou nouradors que noustraran la seva nou al carrer nou número nou de nou a nou el dia nou del nou del dos mil nou. Actuació de Pau Riba a les nou i nou del vespre”. Todos los trígrafos n-o-u están resaltados en negrita. La actuación de Pau Riba será a las nueve y nueve, en la calle nueva, número nueve. Y los noventa y nueve “nouradores” son los artistas cuyos nombres figuran inscritos en la nuez que preside la invitación: los 99 autores de las 99 nueces que se expondrán en la sala Caixa Laietana de Mataró, del 9 de noviembre al 9 de diciembre de 2009. La confluencia que el catalán permite entre lo nuevo, las nueces y el número nueve triplican la fuerza del triplete numérico que mañana presidirá todos los calendarios. ¿Quién quiere el ruido soberbio de la torre más alta teniendo tantas nueces?

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 8 de setembre de 2009.

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