dijous, 17 de setembre de 2009

Me lo dijo un pajarito

Que el hijo de Juanes se llame Dante porque el cantante leyó la Divina Comedia y le gustó me trae sin cuidado. Que su perro también se llame Dante ya parece un poco más pedantesco, aunque no deja de ser coherente, dada la afición pluralizadora del de Medellín, que vino al mundo con el nombre de Juan Esteban (Aristizábal Vásquez) y decidió darse a conocer como Juan-Es. Lo que llama la atención de este nacimiento es su relato. Dos días antes, Juanes anunció en su página de Twitter que daría detalles sobre el proceso. Un mensaje en español y otro en inglés, para que quedase clara su voluntad inclusiva de amigos, conocidos, saludados y seguidores. Nada de notas de prensa más o menos elaboradas, sino mensajes con la clara voluntad retórica de provocar sensación de proximidad a los hechos relatados. A la entrada del hospital: "¡Vamos a empezar este juego, dice la enfermera!, Karen y yo nos miramos y reímos de alegría" (bueno, escrito sin acentos). Acto seguido, otro con la curiosa transcripción de sus carcajadas: “j aj aj a”. El siguiente mensaje datado dos horas más tarde: "Y ¡siguen las contracciones!". El relato concluye cuatro horas después, tras la feliz expulsión del feto desde el claustro materno: "¡Alegría, alegría, alegría! Dante nació muy bien, saludable y hermoso! A Dios gracias por esta bendición!" Mi enhorabuena. Se comprende el alborozo, pero ya puestos podría haber añadido qué pesa Dante, un dato empírico que dotaría de contenido a adjetivos como saludable y hermoso. Su último mensaje (hasta ahora) es un apneico: “muchasgraciasatodoportanto”. ¿Gracias por tanto qué? Yo no soy uno de los 51.374 seguidores de la cuenta Twitter de Juanes, pero aún así tengo acceso a estos mensajes íntimos y, la verdad, me siento un intruso. Los múltiples medios de comunicación que han seguido el proceso natalicio no se ponen de acuerdo a la hora de elegir preposición. Unos titulan que Juanes anuncia el nacimiento de su tercer hijo “en” Twitter, otros “por” Twitter e incluso algunos “vía” Twitter. La duda no es baladí. Un cierto papanatismo tecnoeufórico transforma Twitter en una sala de prensa desde la que cada vez más lobitos mediáticos lanzan sus mensajes públicos bajo la piel de oveja de la privacidad. Los ejemplos son múltiples. Lance Armstrong, durante el Tour, rajaba de Contador de/desde/en/entre/para/por Twitter.

Sorprende que medios de comunicación de todo tipo, tan celosos de sus cabeceras, den toneladas de publicidad gratuita a un negocio tan floreciente como Twitter. El alud de propaganda a este contenedor de mensajes simplones ha llegado, incluso, a los diccionarios. Este verano la editorial británica Collins, cuya marca suele citarse junto al adjetivo prestigiosa, anunció que introducía en su diccionario general el nuevo sentido digital del verbo inglés del que tomó el nombre esta red social. Los diarios en español se apresuraron a anunciar que twittear entraba en el diccionario, como chatear, zapear o, más recientemente, googlear. De hecho, en inglés el verbo twitter siempre estuvo allí, definido como el agudo gorjeo de los pájaros (¿recuerdan al lindo pajarito Tweety que llevaba de cráneo al gato Silvestre?), y con un uso figurado que denota un cierto nerviosismo al hablar, una cháchara. Los editores de Collins declaran que, si twittear pasa de moda, ya eliminarán la nueva definición. El fenómeno Twitter, con famosos que se comunican con el mundo mediante mensajitos apresurados no hace sino demostrar la validez de la fuente de información más antigua del mundo: el pajarito.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 15 de setembre de 2009.

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