dimecres, 30 de setembre de 2009

Publicidad enrollada

Reconozco que, tras un período de furor, cada vez compro menos por internet. Diez años atrás, Amazon o Barnes & Noble me hubieran podido abrir una cuenta de gran cliente. Hoy, compro más a tocateja. Cuando es posible. Hace tres semanas compré un libro que me urgía mediante un portal con el que nunca había tenido tratos —PriceMinister—, lo que me obligó a abrir una cuenta. Algunos portales permiten la compra puntual sin necesidad de abrirla, pero éste no era el caso. Vi que PriceMinister es un mercadillo de compra-venta en el que la empresa garantiza el pago al vendedor o el reembolso al comprador descontento. Tras darle un vistazo, rellené los datos obligatorios y esperé. El libro me llegó en un tiempo récord, pero desde ese momento mi satisfacción por el servicio ha ido decreciendo. Cada tres o cuatro días mi buzón de correo electrónico recibe un nuevo mensaje promocional de priceminister.es. Supongo que en alguna pantalla de mi registro debía constar una casilla para impedirlo, pero de haberla localizado no creo que la hubiese marcado. En general, recibir publicidad no me molesta en absoluto. Vivimos en constante exposición a todo tipo de mensajes propagandísticos por tele, bar y radio, de modo que encuentro absurdo pretender restringirlos en los buzones (electrónicos o materiales). Lo que me molesta es determinada publicidad, básicamente la que, por su estulticia, apela al psicópata que todos llevamos dentro. ¿Han escuchado alguna vez aquel anuncio radiofónico de Boston Medical Group en el que una desmotivadora voz femenina le pregunta a su compañero: “Xato, ja has acabat la feina?” Basta escucharla dos veces para comprender el porqué de la disfunción eréctil que aqueja a su pareja. No resulta creíble que luego, tras pasar por Boston Medical Group, la satisfaga hasta hacerle proferir un “rei meu” tan desmotivador como su queja anterior. (Un consejo para el mudo sufridor de la disfunción: deja a la bostoniana monárquica y todo ira bien).

Pues bien, los mensajes con los que PriceMinister obsequia a sus sufridos clientes son de este calibre. Cuando aún no había ni recibido el objeto de mi compra, me legó el primer correo electrónico. En el asunto leí: “Tú también eres un comprador listillo”. ¿Listillo? ¿Así consideran a sus clientes los de PriceMinister? En el interior del mensaje se repetía el oprobio: “Por fin has llegado al club de los compradores listillos”. Pues vaya. Acudí a los sabios aposentos de doña María Moliner, que es mi interlocutora principal para asuntos relacionados con la lengua castellana, y corroboré mi percepción negativa del término listillo: “Diminutivo de listo que se aplica a la persona que presume de saber o estar enterada de todo”. Los siguientes correos publicitarios han seguido con este tono desenfadado: “Un objeto volador no identificado se acerca”, “Descuentos del tercer tipo, nunca has visto precios tan paranormales”, “¡No estás alucinando, todos estos chollos son de verdad!”, “Hazte ric@ vendiendo tus libros”... Busco un calificativo que defina el tono de estos mensajes y sólo se me ocurre decir que es una publicidad “enrollada”. Para “listillos”, vamos.

PriceMinister es una multinacional francesa nacida con el siglo cuyo mercadillo, según el índice Nielsen, congrega a más de diez millones de clientes únicos, con dos millones de visitas diarias. No sé cómo serán sus correos publicitarios en francés e inglés, pero su publicidad enrollada en español provoca unas disfunciones comprativas que ríete tú de las que tratan en Boston Medical Group.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 29 de setembre de 2009.

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