dimarts, 13 d’octubre de 2009

El tío TomTom

Acabo de recibir una publicidad que me incita a delinquir. Justo cuando por todas partes se alzan voces éticas contra los que se saltan la ley a la torera, va y una empresa me pone la miel en los labios. Es un correo electrónico de TomTom International BV (Oosterdoksstraat 114, 1011DK Amsterdam), en cuyos archivos debo figurar porque una vez actualicé un GPS por la red. De vez en cuando me envían alguna oferta que no suelo ni leer pero el asunto de esta me llama la atención: “Evite los radares de velocidad durante un año por sólo 23,95 euros (antes 29,95)”. Es decir, que por un precio razonable (lo que cuesta un buen libro, aunque siempre habrá quien lo encuentre caro), me ofrecen acceso semanal a las posiciones exactas de todos los radares de tráfico que hay en Europa. Bien. Cuando aún me pregunto para qué querré yo conocer la evolución semanal de los radares cazafitipaldis en Alsacia o Lorena, el TomTom Equipo (que es el ente que firma el correo) me lo aclara: “¡La forma más sencilla de evitar el estrés y las multas vaya donde vaya!” Me concentro en cuatro palabras: evitar, estrés, multas y vaya. Deduzco que se trata de evitar los ataques de nervios inherentes al pago de las multas de tráfico, vaya. Una medida sanitaria equivalente a los masajes relajantes, el tai chi o los gintónics (aunque nunca en bares de carretera, claro). Releo el mensaje publicitario y empiezo a hacerme una composición de lugar, pero por si la idea de fondo no me quedaba clara, observo que el e-mail incluye un presunto mensaje de usuario feliz muy esclarecedor. Lo firma un tal José, Madrid: “El año pasado me pilló uno y me cayó una multa por circular un poco por encima del límite de velocidad en una carretera totalmente vacía. Ahora pago menos por tener durante 12 meses los Radares de tráfico de TomTom que lo que pagué por la multa”. Gracias a José descifro el enigma: si quiero circular “un poco por encima del límite de velocidad” por carreteras y autopistas “totalmente vacías” en cualquier rincón de Europa debo saber dónde hay un maldito radar roedor y dónde no, para así ajustar la presión de mi pie derecho sobre el acelerador.

Lo dicho, los amigos de TomTom International conocen mis deseos más íntimos y quieren ayudarme a delinquir alegremente en todos los tramos de la red europea no controlados por radar. Por sólo 24 euros al año. Bien. Lástima que la oferta no incluya, también, la localización de todos los coches patrulla de las distintas policías de tráfico europeas. Yo, por un acceso semanal (o incluso mensual) a todas las posiciones de los guardias que patrullan las carreteras pagaría hasta 50 euros. O más. Eso sí que me daría alas para delinquir con seguridad. ¿De qué me sirve saber que no hay un radar en los próximos diez kilómetros de autopista si en la próxima curva me puede aparecer un coche patrulla de policía, police, polizei, policie, poliisi, polizia, policja, politi, politie, polis o Mossos d'Esquadra? Es una pregunta retórica, claro, pero en ocasiones formularse preguntas retóricas puede tener efectos secundarios. Justo lo que me sucede ahora. Tanta policía junta me hace recapacitar. No puede ser que el TomTom Equipo pretenda empujarnos a delinquir. Al contrario, su oferta debe ser una trampa. Sí, es una estrategia consensuada por las administraciones europeas encargadas de mantenernos a raya en la red viaria. Los datos son falsos. Nos quieren hacer creer que hay radares donde no los hay para que, delincuentes potenciales como somos, no rebasemos el límite de velocidad ni allí donde no nos controlan.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 13 d'octubre de 2009.

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