dilluns, 26 d’octubre de 2009

Generación algolagnia

El mundo de la creación artística conjuga el verbo generar. Los creadores vivimos de la génesis constante de ideas, textos, esbozos, sueños o proyectos que desembocan en algún tipo de obra, pública o privada. Así escuecen, nacen, se cuecen, hierven, crecen y aparecen (o no) canciones, cómics, cuentos, ensayos, novelas, obras de teatro, óperas, películas, piezas de arte, poemas, series de televisión, videoclips y todo tipo de modalidades creativas imaginables (y no). El verbo generar da generación, y este término electrizante también agrupa a seres generados en una misma época (la mía es la del baby boom de los 60). Lo malo es que los estudios literarios han petrificado el concepto de generación, bautizando a grupos de creadores coetáneos con etiquetas utilísimas para mantener la falaz transmisión de tópicos, del tipo “los autores de la generación del 69 se caracterizan por un uso sutil del género neutro en las felaciones anafóricas de arte menor”. Por eso, algunos huimos de las generaciones como de la peste bubónica. Pero, por fortuna, existen otras maneras de ver el mundo, e incluso otros mundos por ver. El sábado tuve el privilegio de presenciar uno. El TNC tiene en marcha un proyecto con nombre de tarjeta de metro: T6. Seis autores trabajan con el objetivo de escribir seis obras de teatro que luego se montarán. La iniciativa cuenta con un notable patrimonio. Sin ir más lejos, El mètode Grönholm de Jordi Galcerán salió del primer T6. Hoy para un aspirante a dramaturgo, entrar en el T6 significa tener un ecosistema motivador y exigente a la vez. Más allá de la zanahoria del estreno, sus textos serán constantemente sometidos a la opinión de sus cinco compañeros. Es decir, que se trabaja en equipo, un rasgo muy teatral. Los seis actuales tesisos son Marta Buchaca, Jordi Casanovas, Cristina Clemente, Carles Mallol, Josep Maria Miró y Pere Riera.

De ellos mismos partió la idea de encerrarse a escribir seis obras de teatro en una noche, lo que les congregó este sábado en la sede barcelonesa del grupo SGAE. El encierro tenía sus toros: las obras partían condicionadas por noticias y diversos autores fuimos invitados a añadir condiciones al reto. Constricciones como en el Oulipo. Antes de ponerse a escribir, Sergi Belbel les hizo anotar en un papel cómo terminaría la obra. Javier Daulte impuso que tres de las obras transcurrieran en los años 1970, 2009 y 3009. La condición de Yasmina Reza fue que en todas las obras hubiese un asesinato. A tres horas del inicio, Jordi Galceran les dio una consigna radical: cambiar el sexo de todos los personajes. A la una de la madrugada Benet i Jornet les hizo detener la escritura durante 15 minutos para explicar, en otro texto, por qué escribían esa obra. Luego llegó mi turno. Les prohibí utilizar dos palabras en toda la obra: no y jo. Pau Miró les impuso una página sólo con preguntas. David Plana les hizo intercambiarse los textos tal como los tenían entonces y escribir una página de la obra ajena. Luego Guillem Clua, que ejercía de maestro de ceremonias, les hizo incluir una réplica de una obra de Chéjov elegida al azar. Carles Batlle les impuso que una escena determinada incluyera un personaje que espiase lo que estaba pasando. Finalmente, Juan Mayorga añadió que un personaje masculino se pintara los labios en escena. Veremos qué saldrá.

Los seis tesisos tienen en común el ecosistema textual de la Sala Beckett, ser treintañeros, dirigir sus obras y saber trabajar en equipo. No es poco. Por lo visto el sábado, otro elemento los une: decididamente son masoquistas. Suerte a la generación algolagnia.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 26 d'octubre de 2009.

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