Humorismo trascendente

Las invitaciones a actos culturales son un género muy monótono, tirando a tostón. Normalmente son tarjetones rectangulares de 210 x 100 mm que viajan en sobre americano. Diseños creativos al margen, suelen contener la empresa convocante, los actores que protagonizan el acto, día, hora y escenario de los hechos, tal vez un avance del guión previsto y, finalmente, algún anzuelo ilusionante del tipo “al final se servirá una copa de cava”. En algún caso, se solicita confirmación de asistencia. Si el convocante es una institución y el acto se celebra en una dependencia con acceso restringido, puede que la invitación sea nominal y se añada en la parte inferior del tarjetón que será imprescindible presentarla para acceder al recinto. Este es el caso, por ejemplo, de la invitación enviada esta semana por el president de la Generalitat para el acto que, mañana viernes a las seis de la tarde en el Palau (de la Generalitat), celebrará el centenario del nacimiento de Miquel Batllori. Me imagino que será uno de esos actos con largos parlamentos leídos desde una mesa rectangular por personajes ilustres, pero lo novedoso del caso es que la invitación no aclara ni qué formato tendrá el acto ni quién participará en él. Sólo que el president se complace en invitarnos con motivo del centenario del nacimiento del ilustre jesuita. Un acto sorpresa, pues, para conmemorar este número redondo del último hombre del Renacimiento que ha tenido nuestra cultura, con el permiso de Martí de Riquer.

Seguro que tanta incertidumbre hubiera divertido al padre Batllori, que ganó el premio Ciutat de Barcelona de Literatura Catalana por un libro que no había escrito sino dictado —>Records de quasi un segle (Quaderns Crema, 2000)—, pero que escribió casi un centenar de libros, lo suficiente para llenar los veinte gruesos volúmenes de su obra completa publicada por la editorial valenciana Tres i Quatre. Una lectura pausada de esta obra magna requeriría toda una vida de estudio, y aún así no llegaríamos a asumir todo lo que contiene. Desde volúmenes centrados en personajes imprescindibles como Ramon Llull (vol 2), Arnau de Vilanova (3), la familia Borja (4) o Baltasar Gracián (7) hasta estudios más generales sobre épocas enteras de nuestra cultura, como la Edad Media (1), el Renacimiento (5), la Ilustración (9), pasando por aspectos mucho más específicos, como Els catalans en la cultura hispanoitaliana (vol. 10) o L'Esglèsia i la II República Espanyola: el cardenal Vidal i Barraquer (vol. 18). En definitiva, un verdadero temario humanista para llenar unas cuantas vidas de lector y estudioso. Pero la grandeza sin igual de Batllori se vio aumentada por su humildad, una característica esencial que suele diferenciar a los más grandes de los intelectuales pretenciosos de ego desatado. Batllori, que por seis años no fue centenario (1909-2003) y mantuvo la lucidez hasta el final, exhibía una agilidad verbal sorprendente. Una noche en Valencia, durante la cena de concesión de los premios literarios Octubre, la periodista valenciana Maria Josep Poquet se le acercó para hacerle una breve entrevista en la misma mesa donde cenaba el jesuita. Lo que podríamos denominar un aquí te pillo aquí te mato.

Entre otras, le hizo una pregunta frívola: ¿cuál es el secreto de su longevidad?. Y Batllori, con una rapidez mental digna de Messi, le respondió que su secreto era muy simple: haberse tomado siempre la vida con humorismo trascendente. He aquí dos palabras que, si mis armas tuvieran escudo, las hubiera hecho grabar al fuego: humorismo trascendente.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous 1 d'octubre de 2009

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