dijous, 12 de novembre de 2009

Bailando el vals

Hace ya semanas que el valenciano Arturo Valls pone su cuero cabelludo al servicio de un champú anticaspa en un espot publicitario que se repite machaconamente. Es un anuncio tirando a simpático, que reproduce el tono de Camera Café, la serie que ha dado más notoriedad a Valls. Vemos al actor en una gala de ensueño, entre los nominados a un Oscar, mientras una bella señorita pronuncia la sonsonia habitual dedicada a los ganadores de la mítica estatuilla: Arturo Vals for “¿Qué tienen los hombres en la cabeza?” La voz llama señor Vals al conocido actor. Vals, como la danza vienesa. En la convención del anuncio, todo era un sueño, y el bueno de Arturo no despierta de él hasta que una voz femenina repite, tres veces, su presunto nombre: “¿señor Vals?”. Sí, tres veces Vals, con aquella alegría. Hay que tener muy poca conciencia lingüística para no darse cuenta del desliz, de lo que se deduce que, pudiendo decir Valls o aproximarse por la patilla con un Vais del verbo ir, los responsables del anuncio prefieren pronunciar Vals. Tal vez sea un homenaje a Strauss. La verdad es que la primera vez que lo escuché me zumbaron los oídos, pero no había detectado ninguna queja hasta este lunes. En la sección de cartas al director de El Periódico, la lectora Cati Valls Plademunt, de Granollers, aprovecha la coincidencia de apellidos para quejarse como afectada por este maltrato verbal. Su indignación se sustenta en dos detalles notables. El primero es que el mismo anuncio contiene una frase en inglés pronunciada con exquisitez. La segunda es autobiográfica: “A l’escola les monges també em deien Vals. Però això era als anys 60”. La carta acaba así, como queriendo decir que eso era antes de la última glaciación democrática, cuando la sociedad era tan casposa que no había champú que la apañara.

Cuatro décadas más tarde, algunas cosas no han cambiado nada. En el Círculo de Bellas Artes de Madrid este fin de semana organizarán la primera edición del Festival Eñe, pero por lo visto (y oído) no hay quien pueda con la Elle. No sé si al actor, nacido en 1975 en Valencia, le gusta que le llamen Vals, aunque visto el anuncio no me extrañaría que le diera igual. El humorista José Luis Coll siempre presumió de responder al nombre de Col, como el gran Helmut o las de Bruselas. De hecho, en una entrevista en Catalunya Ràdio Coll hizo gala de un menosprecio absoluto por el origen de su propio apellido, lo que provocó una bronca tremenda con los oyentes. El segundo apellido del dicharachero Arturo Valls es Mollà, y tal vez esté harto de tanta elle. Lo malo es que a sus homónimos el anuncio les va a complicar la vida. Durante años, coleccioné las variantes que suscitaba mi segundo apellido, Roig, cuando viajaba por las cosmopolitas tierras monolingües de la España no nacionalista. En mi colección sobresalían Roch y Rox, pero también conservo impresos varios en los que el acompañante de Serra es Rotx, Rotg, Roj, Roy o Roche. El festival fonético aumentó de nivel durante los años en los que residí en el paseo de Fabra i Puig, cuya variante más memorable fue Puch, como las motos. Cada vez que daba mis datos por teléfono acababa deletreando. Los 7719 catalanes que, según Idescat, se llaman Valls van a tener que esquivar el Vals anticaspa, que incluso puede afectar al topónimo. En tiempos de la Trinca, el ejemplo típico “para alquilar sillas” era Sabadel, con ele final. Hoy Vals irrumpe con fuerza, junto a Ripol o Viladecavals. Claro que a Pellegrini también le llaman Pelegrini, como si, en vez de chileno, fuera florentino. Cosmopolitas.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 12 de novembre de 2009.

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