Bigotes y redención

La irrupción de la corrupción en nuestra escena política amenaza con instaurar un pensamiento único entre la ciudadanía: un político es un cleptómano en potencia y basta con que toque un mínimo de poder para que desarrolle al máximo esa potencialidad. Da igual de qué color político tiña su discurso: a más poder, más opciones de corromperse, hasta dar pleno sentido a aquel famoso axioma que otorga al poder absoluto la capacidad de corromper absolutamente. Los casos Gürtel (por Correa en alemán), Palma Arena (por el velódromo homónimo), Pretoria (por el abogado Pretus) y Palau (por el céntrico local donde Millet celebraba las bodas y banquetes familiares) sitúan al eje catalanohablante en la Champions de la corrupción. En general, si el poder no es absoluto el axioma de todos-son-unos-ladrones es falso, aunque sólo sea porque siempre aparece un aspirante a futuro corrupto que lo denuncia. Pero la percepción social es torrencial y la inundación irreparable. Hoy todo huele tan mal que nadie que haya tocado poder parece libre de sospecha. Tampoco las más altas instancias del poder judicial, designadas por los partidos en el poder. Dos detalles ilustran la magnitud de esta ola. Por un lado, que el (ex) alcalde socialista de Santa Coloma Bartomeu Muñoz residiera en Pedralbes. Todo el mundo debe ser libre de residir donde quiera, faltaría más, pero que quien ejerce la alcaldía de una ciudad resida en otra es muy ilustrativo de su proceder. ¿Así pretenden combatir la desafección y acercarse a la ciudadanía quienes se autoproclaman socialistas? El segundo detalle es de registro (verbal). A la que se escarba un poco en estas redes, salen a relucir motes muy llamativos. Que a un Bartomeu le llamen Bartu resulta harto comprensible. En cambio, otros motes demuestran en qué marcos de referencia gustan de actuar sus portadores. Que Francisco Correa (gürtel, en alemán) fuera conocido como Don Vito, por ejemplo. O Luis García como Luigi. O Álvaro Pérez como el Bigotes, por su mostacho recortado periódicamente en una peluquería pija de Valencia.


Aunque sólo el bigote del tercero haya trascendido, el de Luigi no le tiene nada que envidiar, y también don Vito luce el suyo, en este caso junto a una barbita canosa. Una vía de redención para sus tejemanejes bien pudiera venir a través del proyecto Movember, una iniciativa benéfica de alcance mundial que cada mes de noviembre recauda fondos para la investigación del cáncer de próstata a través del crecimiento capilar. En España, a través de la Fundación para la Educación Pública y la Formación en Cáncer (Fefoc) que también da información y apoyo a pacientes y familiares. El sistema es muy original: los participantes masculinos (MoBros) pueden inscribirse en movember.com, empiezan el día 1 de noviembre totalmente afeitados y disponen de todo el mes para dejarse crecer los bigotes, mientras recaudan fondos. Las femeninas (MoSistas) reclutan nuevos MoBros bigotudos y también recaudan fondos. A finales de mes, se suelen organizar cenas benéficas en los que se premian (o se afeitan) los bigotes más notables. En la convocatoria, junto a información médica sobre el alcance del segundo cáncer con mayor incidencia entre la población masculina, leemos: “El bigote es nuestro pin, nuestro emblema, la forma de llamar la atención. Ponemos el bigote de moda para una buena causa”. Pues, la verdad, este año tendrán que emplearse a fondo, porque desde que Aznar se lo afeitó no paran de salir bigotes de escándalo. ¿Lo vería venir?

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 3 de novembre de 2009.

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