dimecres, 11 de novembre de 2009

Chupando del brote

Llevamos meses comiendo brotes verdes. Desde que la pasada primavera el presidente de la Reserva Federal norteamericana Ben Bernanke dijo que detectaba green shoots en la economía y la ministra Salgado importó la expresión con aquella alegría. Aunque a primera vista shoots remite al verbo disparar, en inglés shoot también significa brote. De hecho, hace un lustro la lingüista británica Lynne Truss tuvo un inesperado éxito editorial con un magnífico manual que reivindicaba el uso correcto de la puntuación: Eats, Shoots & Leaves (The Zero Tolerance Approach to Punctuation). El título parte de una facecia popular inglesa protagonizada por una coma móvil y un oso panda pistolero que entra en un café y se lía a tiros. Cuando el camarero se lo recrimina, el panda le invita a informarse buscándole en un diccionario que contiene un error de puntuación en su entrada. Con sus idas y venidas, la coma errónea activa el doble sentido de las palabras shoots (brotes o dispara) y leaves (hojas o se larga). Sin coma, el panda es definido como un animal que eats shoots & leaves (come brotes y hojas); con la coma, el panda eats, shoots & leaves (come, dispara y se larga). Lo cierto es que el asunto de los brotes va disparado. Tras el calco de la expresión inglesa, el color ha ido tomando todos los tonos del arco iris.

Antes del verano algunos columnistas de El País ya empezaron a hablar de brotes blancos. Por ejemplo, Ángel Laborda publicaba el 7 de junio un artículo titulado “Brotes verdes, brotes blancos” en la sección Negocios. La idea de este blanqueo vegetal jugaba a neutralizar el pesimismo sin caer en las falsas expectativas. Pronto, la coloración del discurso se generalizó. El 3 de junio Mariano Rajoy, en una visita a Murcia, declaraba que “Si de Zapatero dependiera, en Murcia habría brotes amarillos”. Una velada alusión al asunto del agua, sin cuyo riego constante las plantas amarillean, pero podría ser que se me escape algún otro referente de la analogía: ¿la fiebre amarilla?, ¿la prensa amarilla? En verano algunos analistas bursátiles empezaron a introducir los tonos rojos. El 18 de agosto, por ejemplo, Jordi González escribía en BolsayMercados.com: “Después de las bajadas de las últimas dos sesiones hemos comenzado a ver de nuevo brotes rojos, de momento únicamente en países emergentes (China y Rusia)”. El festival cromático era imparable. Tras el verde, el blanco, el amarillo y el rojo, tuvimos que tragarnos el marrón. El 30 de agosto, José María Carrascal publicaba en ABC un artículo cuyo título no dejaba lugar a dudas: “Brotes marrones en otoño”. Y claro, pasar del marrón al negro era cuestión de tiempo. “Brotes negros”, titulaba en Noticias de Gipuzkoa el vasco Aitor Anuncibay el pasado 13 de octubre al referirse al informe Kointuraz del Gobierno Vasco, que anunciaba 20.000 nuevos parados.

El disco de Newton del brote multicolor amenaza con generar algún brote de violencia. Yo mismo estuve a punto de tener uno este viernes al recibir por correo (postal) un folleto publicitario de Barclays, una entidad bancaria cuyo color corporativo es el azul pitufo. El folleto con las ofertas de depósitos, hipotecas y otros productos está decorado con unas flores que harían enrojecer al mismísimo Raymond Queneau, autor de la onírica novela Las flores azules. El eslogan de la campaña anuncia, en castellano y catalán, lo inevitable: “Los brotes azules llegan a tu economía”. Estoy hasta los brotes de tanta creatividad cromática. ¿No podríamos concentrarnos en el trazo del dibujo antes de ponernos a colorearlo?

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 10 de novembre de 2009.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir