El caso Cassen

Seguí con interés a los tres consellers que explicaron las nuevas medidas adoptadas para luchar contra el fraude. Tres consellers de peso —Tura, Tresserras y Castells, dieta al margen— compareciendo para desgranar la reacción del Govern desde las tres áreas más directamente afectadas por el choriceo de Millet & Montull: Justicia, Cultura y Economía. El paquete presentado consta de 16 medidas. Basta echarles un vistazo para comprobar que se inspiran en las brechas detectadas en el caso Palau (las escletxes que Montilla soltó en Madrid hablando en castellano, autotraduciéndolas de inmediato por unas inquietantes ranuras). Por ejemplo, que a partir de ahora los receptores de subvenciones no podrán hacer donaciones a fundaciones vinculadas a partidos políticos. Sólo faltaba que le pusieran apellidos. De hecho, la nota oficial empieza con una frase inequívoca: “Després de comprovar l’ús indegut dels fons públics realitzat pels antics gestors del Palau de la Música...” La franqueza presidió la comparecencia y la conclusión de Castells fue de una claridad inusual. Vino a decir que estas medidas permiten garantizar que no se dará un nuevo caso Palau, pero que los delincuentes siempre se dedican a buscar nuevas maneras para saltarse los controles, que para eso son delincuentes. Se agradece la falta de tapujos. No es frecuente que el sentido común presida las manifestaciones de los políticos y cuando sucede es de justicia resaltarlo. Pero el ingenio de los trileros que delinquen siempre se fundamenta en la torpeza de su público potencial, que sigue jugando a pesar de todo.

Este viernes Sergi Pàmies daba carta de naturaleza a los verbos milletear y montullear (en catalán, milletejar y montullejar), dos neologismos epónimos con muchos números para triunfar, dada la notoriedad de sus referentes y la proximidad fonético-morfológica al verbo chanchullear. Hoy se cumplen cuatro meses del registro del Palau y es evidente que el 23 de julio de 2009 figurará en los diccionarios etimológicos del futuro como la fecha de aparición de dichos verbos. Pero la misma entrada del Coromines del siglo XXI podría recoger un precedente audiovisual insólito. El canal 300 de TVC está reemitiendo los trece episodios de una serie de producción propia protagonizada por el cómico Casto Sendra i Barrufet, alias Cassen, una especie de Louis de Funes catalán. Cassen inició su carrera con el mítico largometraje rodado por Berlanga en Manresa —Pácido (1961)— y la acabó en 1991, poco antes de morir, con Amo tu cama rica. Entre una y otra, tres décadas llenas de películas como Ligue Story o La liga no es cosa de hombres, revistas como Año nuevo, viuda nueva o ¡Es broma!, discos como María, la molinera o Qué risa, tía Felisa y una única serie televisiva producida por Televisió de Catalunya en 1988: De professió, A.P.I., escrita y dirigida por Esteve Duran. En ella, reemitida ahora por el canal 300 en horario protegido, Cassen se dedica al negocio inmobiliario, sin llegar a delinquir nunca en pantalla, pero con una tendencia tremenda por los enredos económicos. En 1988 Esteve Duran llamó a su personaje señor Millet. ¿Casualidad? Pues tal vez no tanto. En 1983 el ínclito Fèlix Millet cumplió prisión preventiva por un delito de estafa en relación con la inmobiliaria Renta Catalana y en 1984 fue condenado por la Audiencia de Barcelona a dos meses de prisión y a 30.000 pesetas de multa. Los etimólogos del futuro podrán especular que, dos décadas antes de la aparición del verbo milletear, ya se percibían signos tenues de milleteo en la sociedad catalana.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 23 de novembre de 2009.

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