La biblioteca del Congreso

Este lunes, El País reproducía íntegramente la lista de actividades extraparlamentarias que declararon los 350 señores y señoras diputados del Congreso. Es una lista curiosa, en la línea de presunta transparencia que iniciara la publicación del patrimonio personal de los ministros. En este caso, el ejercicio tiene un interés psicológico mayor que el derivado de las frías cifras patrimoniales. Describir actividades profesionales implica una cierta construcción de identidad. Uno de los momentos más delicados de P3 es cuando los niños explican a qué se dedican sus padres, sobre todo si hacen crucigramas. Los 350 profesionales de la política que trabajan en la cámara baja de las Cortes Generales declaran muchas actividades extraparlamentarias. La más frecuente, de largo, es la asistencia a “Tertulias en radio y televisión”. Algunos especifican que son no remuneradas. La diputada socialista Esperança Esteve declara: “En estos momentos no participa en ninguna tertulia, pero si lo hiciera en el futuro no cobraría ninguna retribución, ya que considera que es parte de su trabajo el trasladar a los ciudadanos la información y las ideas referentes a cualquiera de los temas a tratar en los distintos programas”. Del estilo de esta nota se deduce por qué no participa en ninguna tertulia. Tras las ocupaciones mediáticas, los epígrafes más invocados son los de abogado, académico, alcalde, asesor, concejal, conferenciante, consejero y patrono (o director o secretario general o hasta presidente) de alguna fundación. Todas ellas, ocupaciones de gran enjundia, aunque en la mayoría de los casos “sin retribución”. El diputado popular Manuel Pizarro, verdadero campeón de la actividad extraparlamentaria con hasta dieciséis ocupaciones, se vio obligado a ampliar su primera declaración con un “es posible que en alguna de ellas perciba dietas por asistencia a las sesiones que se celebren”. Lógico en alguien que aúna los variados títulos de académico (3), archivero, caballero cadete honorífico, consejero (4), miembro de un comité de Honor y de otro Ejecutivo, patrono (2), presidente de honor (2) e incluso vocal.

Claro que otros parecen más terrenales, como el socialista Juan Antonio Barrio, que declara “colaboraciones esporádicas como autónomo en el sector del marketing farmacéutico con empresas privadas” o el diputado de CiU Josep Sánchez Llibre: “trabajo para la empresa Dani Compañía de Inversiones SL”. Lo más sorprendente es la vocación literaria de sus señorías. El epígrafe “Creación literaria” aparece en 47 declaraciones: 20 socialistas, 20 populares, 3 de CiU, 2 del PNV, 1 de ERC y 1 de UPyD. Que diputados con una cierta bibliografía como Federico Trillo o Alfonso Guerra declaren que se dedican a la creación literaria tiene un pase, pero ¿Jesús Caldera?, ¿Ignacio Astarloa? Busco y rebusco en la base de datos del ISBN y no logro dar con ningún libro firmado por ellos. De Rosa Díez hallo dos títulos: Porque tengo hijos (2006) y Merece la pena: una vida dedicada a la política (2008). Del ambicioso postcampista Esteban González Pons, un libro de poemas publicado en 2007 por una editorial de nombre fallero: Ruzafa Show. Pero el mejor de todos es el popular Vicente Martínez-Pujalte, otrora esforzado redactor de libros firmados por Eduardo Zaplana. En su declaración, junto a otras actividades, anuncia “ha publicado un libro”. Con tanta vocación literaria, no me extraña que sus señorías se salten algunas votaciones, enfrascados como estarán con sus creaciones. Lástima que nada sepamos de los gustos literarios de los ponentes del Constitucional.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 26 de novembre de 2009

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