La función del lunes

Recuerdo a mi padre un lunes cualquiera, mientras esperábamos al autocar del cole. Le recuerdo comprando un diario extraño, la Hoja del Lunes, que no se parecía a ninguno de los otros dos que entraban en casa: El Correo Catalán por la mañana y El Noticiero Universal por la tarde. Recuerdo a mi padre comentándome lo que leía en ese diario, entre otras cosas porque casi siempre hablábamos del Barça y cada lunes traía noticias frescas. Recuerdo a mi padre explicando por ahí que un día yo le había preguntado que por qué no compraba también la Hoja del Martes. Si algún lector acaba de incorporarse a la prensa escrita (o a la vida en general), le ruego que lea con atención hasta el final de este párrafo. En caso contrario, pase ya al siguiente. La Hoja del Lunes fue el único diario que estuvo autorizado a salir los lunes desde 1925, en plena dictadura del general Primo de Rivera, hasta 1982. Los demás debían seguir el descanso dominical obligatorio y, por tanto, no podían tratar la información deportiva del fin de semana hasta su edición del martes. La Hoja poseía el monopolio sobre el día más odiado de la semana, de modo que cada lunes arrasaba en el share del quiosco. Era el diario único en un mundo de unicidades: un sindicato vertical, un líder único, una televisión, una lengua... En principio, la Hoja contaba con menos páginas que los diarios convencionales, pero la edición barcelonesa que yo recuerdo tenía un cierto grosor. Más de un pliego, en todo caso. Cuando, por fin, se autorizó la publicación de prensa en lunes, cayó el otoño sobre las diversas ediciones territoriales de la Hoja. La de Barcelona sólo aguantó hasta 1983.

En plena era digital la información es mercancía veinticuatro horas al día. Las ediciones digitales de los diarios son actualizadas a otro ritmo y aquí no descansa ni dios. En cambio, en otros ámbitos el lunes aún mantiene una cierta excepcionalidad. El de la cocina podría ser un ejemplo, con el cierre de muchos restaurantes, aunque no sea un descanso general, entre otras cosas porque en algún sitio querrán cenar los camareros, cocineras, chefs, sommeliers o pinches, donde les sirvan buenos platos en su noche libre. En cambio el teatro se mantiene en la era de la Hoja del Lunes. La farándula llega a su cénit en fin de semana, con algunas funciones que doblan el sábado y rematan el domingo, de modo que los lunes teatros, salas y otros antros están cerrados. Actores y actrices confraternizan con pinches y camareras, o viceversa, muchas noches de domingo y lunes. ¿Cambiará algún día este compadreo profesional? ¿Podría pasar que, del mismo modo que hay restaurantes que justamente abren esas noches, hubiese actores que trabajasen en una función de lunes para cubrir ese vacío lunar?

En todo caso, algo de eso sucederá esta noche en dos puntos del país, como mínimo. Por un lado, en Vilanova i la Geltrú, la reapertura el sábado del Teatre Principal con Brams o la kumèdia dels herrors de Toni Albà y Sergi López ha suscitado tal expectación que han debido programar una tercera representación para esta noche. Y en Barcelona, el céntrico Poliorama monta una función única: Verdades como puños de Pepín Tre, un humorista que se presenta como pensador precolombino, nenúfar solitario y charlatán pop. Es el gran Paco Mir quien lo organiza. Se ha liado la manta a la cabeza “harto de tener que explicarles a amigos y conocidos que Pepín Tre es el humorista más divertido que conozco”. Si la cosa funciona, puede que algunos lunes haya función. Servicios mínimos de teatro, siempre festivos e intersemanales.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 2 de novembre de 2009.

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