dimarts, 1 de desembre de 2009

Tropezones académicos

Ben & Jerry’s tiene nombre de dibujos animados pero es una marca de helados, un sector que antes descansaba en invierno pero que ahora parece empeñado en promover el consumo irresponsable de sus productos durante todo el año sin necesidad de apelar al cambio climático. A mi me parece bien, porque si nos pusiéramos quisquillosos con la influencia del clima acabaríamos celebrando la castañada sin castañas o, lo que es más perverso aún, exigiendo alimentos de temporada (ejem). Pues no. Ahora que, por fin, al mercurio de los termómetros le ha dado la timidez y el retraimiento, vamos a zamparnos tantos helados como podamos, y al primero que nos venga con que el espíritu navideño debería extenderse a todo el año le endilgamos un lote de turrones para que se los casque en verano. No he probado aún ningún helado de turrón Ben & Jerry’s, pero doy por sentado que estará tan rico como las otras variedades que conozco. Su lema “Buenísimos & Sorprendentes” recuerda aquella premiada campaña del whisky Justerini & Brooks que redefinía las iniciales de J & B, por ejemplo, como Jingle & Bells para enfatizar su origen escocés. Aunque aquí las iniciales B & J no coinciden con el lema escogido. Ben & Jerry’s debió tropezar con la endémica escasez de adjetivos castellanos que empiecen por J —¿jaraneros, jeroglíficos, jiennenses, jovenzuelos, jubilosos?— y optó por desplegar la S del genitivo sajón. Sin embargo, tal vez para demostrar que no carece de sensibilidad lingüística, la casa de helados ha enviado una curiosa solicitud a la Real Academia Española de la Lengua. Los helados B & J contienen partículas sólidas de chocolate u otras exquisiteces y ellos las llaman tropezones, un término que los diccionarios suelen definir como trozos de alimento que forman parte del gazpacho, las sopas u otras recetas tradicionales de legumbres o de pasta. Concretamente, el DRAE etiqueta tropezón de término coloquial y lo define así: “Pedazo pequeño de jamón u otro alimento que se mezcla con las sopas o las legumbres.” Es decir, que la Real Academia de limpiadores, fijadores y donantes de esplendor circunscribe los tropezones a los alimentos salados. Pues bien, la compañía heladera ha enviado una solicitud a la RAE para que los señores académicos amplíen la definición del vocablo tropezón, “de manera que éste englobe no sólo a los trozos de jamón que encontramos en legumbres y sopas, sino también a toda clase de alimentos, sobre todo los dulces”. O al menos eso explican en la nota de prensa.

La petición me parece muy interesante más allá de la cuestión lingüística. Por supuesto, tienen razón, porque la analogía de los tropezones ya funciona entre consumidores de lácteos. Lo novedoso de la solicitud es el provecho publicitario que pretende sacar la compañía heladera de la presunta autoridad cultural de la Real Academia Española, una institución que maneja un presupuesto cada vez más espectacular, gestionado con translucidez creciente y que, por cierto, acaba de cerrar un acuerdo (cultural) con Iberia para que los señores académicos viajen (de gorra) en la compañía de bandera (española). Si la iniciativa de B & J prospera tal vez otras empresas se animarán a cursar solicitudes similares con el fin de introducir nuevas palabras genéricas, matices o acepciones en las páginas del diccionario oficial de la lengua española (por antonomasia, la castellana). Y tal vez pagarán por ello. Así quedaría clara la verdadera naturaleza mercantil de este raído artefacto difusor del nacionalismo inveterado de la España monolingüe.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts 1 de desembre de 2009.

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir