El orco de Noé

Leo en Sphere que el Arca de Noé era redonda. Parece un chiste. Incluso el título del artículo de Theunis Bates —“Did Noah Get Around in a Circular Ark?”— está en consonancia con la redondez de la cabecera digital que lo acoge. Pero no lo es. Sphere es la actual mutación periodística de American On Line News, y forma parte del mismo grupo que forman, entre otras cabeceras de prestigio, Newsweek, CNN.com o The Washington Post. Bates se hace eco de las investigaciones llevadas a cabo en el Museo Británico por un experto en la antigua Mesopotamia llamado Irving Finkel. La historia tiene visos de guión de Spielberg. Tenemos una antiquísima tablilla con una inscripción en escritura cuneiforme. Tenemos un piloto de la RAF, uno de esos que dieron nombre al combinado de coca-cola con ginebra, y también un episodio lejano de la Segunda Guerra Mundial protagonizado por Rafman, llamémosle así. En un descansillo, imaginamos, del conflicto bélico que le tenía destinado en Oriente Medio, Rafman da con la tablilla y se la agencia. Décadas después, el hijo de Rafman sentirá en el bulbo raquídeo una punzada de patriótico civismo y cederá tan preciado tesoro al Museo Británico. Nada más lógico, teniendo en cuenta que la mayoría de tesoros que alberga esta noble institución fueron adquiridos de un modo similar. Pues bien, en pleno siglo XXI Finkel aplica su sapiencia paleográfica sobre la tablilla de 3700 años de antigüedad, traduce la inscripción babilonia y topa con la primera descripción conocida de un Arca como la de Noé. La imagen que nos ha llegado de esa nave tan especial suele equipararla a un bajel, con su proa, su popa y su quilla alargada, pero el texto descifrado navega por otros derroteros.

La tablilla, cuyo tamaño es comparado por el avispado Bates a un teléfono móvil, contiene un texto de sesenta líneas que relata la historia del héroe Atram-Hasi, alertado por la malvada divinidad babilonia Enki de un (presunto) diluvio universal. La divinidad induce al pobre mortal a destruir su casa y construir una embarcación, abandonando sus posesiones para salvar la vida. Y le da instrucciones precisas sobre cómo tiene que ser la embarcación: circular, como un primitivo coracle gigante. Incluso le especifica los materiales con los que ha de construirla, y los compartimentos que debe tener para separar a las personas de los animales salvajes. También le dice que deberá enmasillar la puerta, sellándola por dentro y encerrándose así en su propia trampa, de la que ya nunca saldrá... Hoy nuestra experiencia lectora nos permite intuir que el diluvio es un cuento chino inventado por Enki para deshacerse de Atram-Hasi, pero el texto de la tablilla termina en punta. Sólo le falta un “continuará” de colofón. Finkel admite que la historia de Atram-Hasi puede ser un cuento babilonio, en el que después se inspirarían los hebraicos artíficies de la historia del Arca de Noé, pero también documenta la existencia de unos botes circulares que se usaban para pasar animales y mercancías de una riba a otra del Tigris y el Éufrates, y que han pervivido en el actual Iraq. La imagen de un Arca circular remite a los parques acuáticos y es un duro golpe para la historia de la navegación. Una embarcación circular es ingobernable y parece simplemente destinada para resistir, a la deriva, sin capacidad para establecer ningún rumbo. ¡Qué metáfora tan certera para reconsiderar la historia de la humanidad bajo una nueva perspectiva! Y todo por la forma de un casco. Para que luego digan que el diseño es una frivolidad.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 14 de gener de 2010

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