dimecres, 6 de gener de 2010

Engañifas de temporada

La pérdida de la inocencia no tiene fecha fija, pero se suele datar el primer trompazo con la realidad el sexto día del año. Generaciones de seres bajitos, un seis de enero cualquiera, se han dado de bruces con una frase que no voy a transcribir tal cual por si tienen alguno a su lado mientras leen este artículo, pero en cuyo sujeto y en cuyo predicado figuran, indistintamente, los reyes o los padres, separados por la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo ser. Tal vez les parezcan excesivas tantas precauciones (y lo son en un artículo como este), pero la única vez que han querido lincharme tras una intervención pública fue por haberla enunciado alto y claro. Sujeto: los reyes; verbo: son; predicado: los padres. Eso sucedió en el balcón del ayuntamiento de Matadepera hace catorce años y medio, en pleno pregón de la Fiesta Mayor, y aún recuerdo las ulteriores recriminaciones de un grupo de madres exaltadas. El seis de enero, pues, sería la fecha más indicada para celebrar el acoplamiento entre el prefijo des- y el sustantivo ilusión. Pero, en cuestiones de engaño, no es exactamente el primer día. Empiezan a enredarnos antes. Pasado mañana, por ejemplo, las calles andarán llenas de seres bajitos buscando a l’home dels nassos, ese ser nada fantástico que cada 31 de diciembre va por ahí con tantas narices como días tiene el año. Incluso puede que mañana mismo, día 30, algún adulto responsable ya pida a sus bajitos circundantes que busquen a la dona de les orelles, un ser tan común como el anterior que se caracteriza por circular cada 30 de diciembre con tantas orejas como días tiene el año. Ambos casos son claros ejemplos de engañifa, una modalidad de enigma basado en la probadísima capacidad que tiene el lenguaje verbal para tejer engaños. Porque el quid de la cuestión está en la lectura de la frase “tantas narices como días tiene el año”. En genérico, describe los días que hemos convenido otorgar a un año, y por eso los niños buscan a un señor con 365 narices en la cara, pero el truco está en aplicar a ese “tiene” el valor a fecha del día de lectura, y el 31 de diciembre eso significa tener solo una nariz, porque al año le queda un solo día. Siempre me ha parecido una engañifa más bien burda, e incluso he topado con adultos a los que les cuesta entender su solución, pero lo cierto es que pervive, aunque sea por narices. Lo extraño es que Conrad Son aún no haya rodado una versión porno de l’home dels nassos. Que yo sepa.

Engañifa es palabra afín a engaño con sentido más amplio en catalán que en castellano, lengua en la que casi siempre queda asociada a algo que compramos y no responde a las expectativas de calidad. Tal vez el mejor equivalente a la enganyifa catalana sea filfa. Pero, en todo caso, muchos presuntos enigmas parten de este mismo mecanismo traidor que siempre acaba por cabrear a quien fía todas sus armas a la racionalidad. Por ejemplo: “¿Cuántos animales comen con la cola?” Respuesta: todos (los que tienen cola), porque ninguno de ellos se la quita para comer. La rabia que provoca saber la respuesta a quienes no lo adivinan es proporcional a su sensación de estafa, de sentirse engañados. Los enigmas del popular juego Mindtrap son casi todos así, de modo que al final te acostumbras. Lees un enrevesado enunciado en el que un tren eléctrico sigue un itinerario muy intricado y prescindes de tomar nota de los quilómetros, paradas, pasajeros y horarios, porque sabes que al final te preguntarán: “¿Hacia qué punto cardinal apunta el humo de la locomotora?”. Una locomotora eléctrica, claro.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 29 de desembre de 2009.

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