MAD RID y otras lindezas

Por fin una campaña publicitaria ha decidido apoyarse en el código IATA del aeropuerto de Madrid (MAD) para intentar atraer visitantes a la capital de España. Hace ya mucho tiempo que en Barcelona se usa el código BCN para vender todo tipo de humo, pero el significado de MAD en inglés (loco, como bien sabrán los fanáticos de Mad Max y del europeísta Míster Bean) parece haber intimidado hasta hoy a los vendedores de humo mesetarios. Ahora, por fin, se han lanzado a aprovechar la vertiente amable de la locura, esa que en otros tiempos llevó a la casa Pepsi a espetarnos: “¿estás loco?, bebe Pepsi”. Lo malo es que, al apelar a esa locura positiva y proactiva que se desprende de MAD, las letras R, I y D que completan el topónimo madrileño quedan en un segundo plano, desgajadas de sus aeroportuarias predecesoras. Claro que, puesto en el brete de completar MAD, no todo el mundo lo haría del mismo modo. Puede que para muchos la terminación natural fuera RIZ, para otros RIT y para otros simplemente RÍ, pero en notación oficial la capital española aún se escribe MADRID, MAD y RID. Y ahí está el punto débil de la operación, porque ese RID ensombrecido que vaga como quien no quiere la cosa en el fondo del anuncio también tiene su sentido en inglés, del que los publicitarios prescinden olímpicamente. El verbo rid significa liberarse de algo, en el sentido de quitárselo de delante, y en su uso más habitual incluye un matiz desagradable o indeseable que no le hace ningún bien a la campaña del locos por MAD(RID). You get rid of las cosas que no te gustan, de modo que para un anglófono el efecto reclamo que pretende el anuncio no parece demasiado conseguido. Para acabarlo de rematar, este peliagudo RID es también el código IATA del aeropuerto de Richmond, en Indiana.

Muy pocas ciudades tienen el honor de dar su nombre al aeropuerto en todas sus apariciones públicas. La sede de los Juegos Olímpicos de 2016, Rio de Janeiro, es una de ellas, puesto que el código IATA de todos sus aeropuertos es siempre RIO. El salto suele ser el inverso. Normalmente, son los trígrafos impronunciables de la IATA, nacidos de una necesidad codificadora, los que saltan a la palestra, como en el caso de BCN, que vino a sustituir al insufrible Barna de mi juventud (aún vivo en Mercabarna, Barnasur y otras lindezas). Me fascinan los casos de polisemia. Cualquier ciudadano catalán dispuesto a perder horas y horas en controles policiales, pasar por escáneres corporales y perder maletas, puede viajar a PET (Aeroporto Internacional de Pelotas, en Pelotas, Rio Grande do Sul, Brasil), a ROT (Rotorua, en Nueva Zelanda) o a CUL (Aeropuerto Federal Internacional de Bachigualato, en Culiacán, México). De hecho, la mayoría de nuestro arco político está representado: PSC es el código IATA del Tri-Cities Airport de Pasco, en el estado norteamericano de Washington. Tal vez porque PSC ya cubre tres ciudades, sólo uno de sus dos socios en el Govern tiene aeropuerto al que acogerse, aunque más bien lejos: ERC corresponde a Erzincan Airport, en Turquía. ICV no consta en los archivos de la IATA, CIU es el código del Chippewa County International Airport, en Sault Ste Marie, del estado de Michigan y el PPC se enfría en las lejanas tierras de Alaska, concretamente en el Prospect Creek Airport. Ni Ciutadans ni Reagrupament suben a ningún avión. Vistas las actuales circunstancias, la gran incógnita del panorama político catalán es saber en qué aeropuerto internacional pretende aterrizar Joan Laporta.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 7 de gener de 2010.

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