Monzó en Tele 5

La confrontación entre sus majestades los Reyes Magos y Santa Claus (también conocido como Papá Noel, San Nicolás, Viejito Pascuero, Colacho o el gordito de rojo) son ya un clásico en la publicidad navideña. En principio, su convivencia se planteaba como un plebiscito entre dos tradiciones culturales —de matriz ibérica y anglosajona—, pero el paso del tiempo ha desdibujado ambos relatos hasta transformar a estos cuatro seres mágicos en un grupo de prescriptores famosos. Como si los Beatles anunciaran un perfume: Eau d’Eleanor Rigby. Así las cosas, el dilema entre Reyes o Papa Noel ya parece tan antiguo como el que se daba entre los videos Beta y VHS. La argamasa navideña lo asume todo. A lo sumo, cabe destacar la tendencia escatológica que el catalanismo ha conseguido colar en el mercado navideño mediante dos estrategias mediáticas triunfadoras: la creciente personificación del tió (como en el gigantesco Tió Solidari del programa “Eduqueu les criatures” de Carles Capdevila) y el éxito indiscutible del caganer, reforzado por el tevetresense “Hi ha d’haver-hi un caganer” de Albert Pla, convertida en canción del invierno por su desvergüenza (y su pleonasmo). Cuando vi a Stephen Fry haciéndose eco de nuestras tradiciones escatológicas en su programa de la BBC pensé que había llegado el momento. El siguiente paso es de manual: algún vendedor de relatos hábil (un story seller) debería crear uno protagonizado por la figura de un Gran Caganer superheroico que, tronco al hombro, repartiera todo tipo de regalos (no sólo avellanas y turrón) por las casas entre el 22 de diciembre y el 6 de enero. Puede parecer un poco punk pero, tal como están las cosas, un Supercaganer obsequioso que fertilizara las ilusiones de los más pequeños podría triunfar tanto como la Befana lo hace en Italia.

La influencia catalana en la publicidad navideña va más allá de lo que pudiera parecer. Coincidiendo con la exposición “Monzó” en el Centre d’Arts Santa Mònica barcelonés, la empresa de telefonía italiana Wind ha lanzado un anuncio televisivo que demuestra la capacidad profética de Quim Monzó. Lo vi el jueves en Tele 5 (léase cinque). Aparecen los tres reyes magos cargados de regalos y un personaje hiperbólico que recuerda a Fabio Briatore comprueba los contenidos de cada saco, como en un control de seguridad. El primer rey lleva oro, el segundo oro y el tercero mirra. ¿Mirra?, brama el falso Briatore, y echa al tercer rey a cajas destempladas. El gag se basa en que el anunciante sólo acepta oro, claro, pero hay algo en él que no cuadra. El rey expulsado por llevar mirra no es el negro Baltasar, como en principio marcaría el guión, sino Gaspar (el del incienso). La primera vez que lo vi lo atribuí al desconocimiento italiano del trío real. La segunda, recordé aquel cuento navideño de Monzó titulado “La comissió” en el que asistimos a las deliberaciones de una comisión de fiestas encargada de organizar la cabalgada de Reyes. El debate es largo y tortuoso. En un momento dado, se cuestionan el hecho que el rey negro tenga que ser precisamente Baltasar, el tercero. Viendo el anuncio italiano, queda claro que anunciante y publicitarios sostuvieron ese mismo debate que en el cuento de Monzó parecía hiperbólico y producto de la desbordante imaginación del narrador. Resulta evidente que intercambiaron los colores de Gaspar y Baltasar para no echar al negro. Lo raro es que no siguieran el relato de Monzó hasta el final y transformaran a uno de los reyes en mujer. A Berlusconi le hubiese encantado.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 5 de gener de 2010.

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