Santificad a Eufemiano

Me sorprende que Eufemiano no tenga entrada propia en los santorales que consulto. Tal vez sea porque fue un rico senador romano que debía adorar a dioses de otro negociado, aunque luego su hijo Alejo se alejara de sus postulados paganos y acabara convertido en santo. Me extraña que el pobre padre no fuera también santificado porque recuerdo haber visto, hace tres o cuatro años, una iglesia dedicada a San Eufemiano en una localidad cercana a Génova, en el valle de Fontanabuona. Lo recuerdo con claridad porque en aquella época acababa de explotar un gran escándalo en el mundo del ciclismo, el llamado caso Puerto, y el máximo inculpado era el médico canario Eufemiano Fuentes. Me pareció un nombre fantástico, cuyo hipocorístico brindaría a mi peor enemigo: Eufe. Pero también es un nombre muy actual, porque la práctica más habitual en el lenguaje público es trufarlo de eufemismos. El penúltimo, eso de rebautizar a las cuatro provincias catalanas como demarcaciones para ajustarlas a la incipiente reforma territorial que deberá redividir Catalunya en siete vegueries. Pero las demarcaciones que, de entrada, corresponderán a las antiguas diputaciones cambiando diputa por demarca, son sólo un ejemplo más en el festival del maquillaje verbal que vivimos. Desde que la OTAN se transformó por arte de birlibirloque en Alianza Atlántica, el espíritu de san Eufemiano domina el discurso público. La larga y tortuosa crisis que transforma a Zapatero en el hazmerreír de la política internacional empezó siendo una "gradual desaceleración", luego se transformó en una "desaceleración transitoria" y ha acabado siendo un caso de "crecimiento negativo (o subcero)", que ya son ganas de no hablar claro. El marronazo provocado por la hoy olvidada sequía también suscitó eufemismos extraordinarios. Con tal de no hablar de trasvase, hablaron de "captació puntual d'aigua", "captació temporal en situació d'emergència" o el no va más: "captació temportal, desmuntable i reversible d'aigua". La deseada lluvia llegó y todas aquellas invocaciones a san Eufemiano quedaron en agua de borrajas.

El caso de Ascó es un ejemplo claro del poder de las palabras. Los contrarios a que los residuos nucleares se depositen allí lo denominan “cementerio nuclear”, mientras que los partidarios prefieren hablar de “almacén temporal de residuos”. A raíz de este caso, planteé en la red un foro de eufemismos. Las respuestas de los verbívoros han sido sorprendentes. Junto a todos los citados, destacan otros presentes en el debate público, como los "módulos prefabricados" (barracones), la "interrupción voluntaria del embarazo" (aborto) o el ya mítico "cese temporal de la convivencia matrimonial" con el que la Casa Real anunció la separación de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. Pero también en el ámbito privado aparece la sombra de san Eufemiano. Joaquim Sedó expone: "Jo mateix sóc Diplomat en Tractaments i Decoració de Superfícies, és a dir: pintor!!!" Y a mucha honra, añade. ¿Qué tendrá la ampulosidad que atrae tanto? Aunque cabe reconocer que, en contadas ocasiones, el eufemismo no esconde la ridícula ansiedad de aparentar sino que se da por puro pragmatismo. En Marte, la NASA tiene desplazados dos Rovers, vehículos exploradores. Tras seis años de deambular, uno de ellos (el Spirit) quedó atrapado en un arenal. Incapaz de liberarlo, la Nasa lo rebautizó. Ahora es una "plataforma estacionaria". A quien competa le pido, con el indebido respeto, que santifique de una vez a Eufemiano.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 9 de febrer de 2010.

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