Lingüística CSI

En México las ruedas no se pinchan sino que se ponchan. Siempre me ha gustado pensar que el motivo es de tipo gráfico, o más bien tipográfico, puesto que si la i de pinchar parece un clavo la o de ponchar se asemeja a una rueda. Y si no es vero será bienhallado. El miércoles pasado trascendió la noticia de un juicio que me ha hecho pensar en el verbo ponchar. Aunque los hechos sucedieron en setiembre y octubre de 2005, los implicados tuvieron que administrarse un flash-back de un lustro y declarar, en la Audiencia de Girona, en la vista oral por acoso. Es un clásico caso de pareja que se rompe y una de las dos partes se obsesiona tanto que somete a la otra a un marcaje férreo. En este caso, la denunciante acusa a su ex (David P. B.) de acosarla, de entrar en su domicilio repetidas veces (con una copia de la llave o incluso por la ventana) y de humillarla. Un detalle insignificante ha llamado la atención de los medios. Además de llevarse ropa interior o fotografías de la pareja, la denunciante acusa a su ex de “desprecintar y pinchar con una aguja cajas nuevas de preservativos”. He ahí un titular a la mexicana: “Se ponchan gomas”. El acusado, vecino de Vidreres, lo niega todo, pone en duda la reputación de su ex y aduce que la mujer se lo inventa para perjudicarle. Asegura que, cuando se separaron, ella prometió hacerle la vida imposible. El fiscal pide dos años de prisión por un delito continuado de violación de domicilio. La decisión está (o al menos lo estaba hace tres días) en manos de un tribunal popular, cuyas deliberaciones cotizarían mucho en el mercado televisivo. La acusación cuenta con el apoyo de dos testigos: una vecina y un agente de los Mossos d’Esquadra. Este último porque el acusado tuvo, presuntamente, la puntería de llamar a su ex justo cuando la mujer se hallaba en la comisaría denunciándolo y los agentes grabaron una conversión muy comprometida en la que el acusado admite haber entrado muchas veces en casa de la chica y, también, haber pinchado los preservativos. Ha trascendido incluso una pregunta digna de serie televisiva judicial: “La teva intenció era que em quedés embarassada o que em contagiés de sida?”. Al otro lado de la línea se hace el silencio. Caray. Esto huele a guionista. Un último detalle acaba por complicar la vida de los miembros del tribunal popular que deben fallar (en el sentido no futbolístico del vocablo) sobre el caso: el acusado no reconoce su voz en esa grabación y declara que es imposible que sea él porque la voz grabada habla en catalán y él lo hace siempre en castellano.

Si yo formase parte de ese tribunal popular exigiría que el acusado pronunciase rápidamente “setze jutges d’un jutjat mengen fetge d’un penjat, si el penjat despengen els setze jutges ja no en mengen”, o alguna versión más ampliada de este trabalengüas para comprobar quién miente. Tal como van las cosas, los servidores del orden (policías, fiscales, jueces) deberán reforzar su formación lingüística para poder resolver los casos que se les presentan. Tal vez esta sea la vía para reculturizar de una vez por todas a tanto monolingüe recalcitrante. Aquí y en Francia. También el escandaloso caso de los cinco bomberos catalanes difamados terroríficamente en un video por un error policial tiene su componente lingüístico. El director general de la policía francesa, Fréderic Pechenard, admitió que se dio pábulo a un policía retirado que había visto, en un centro comercial de Villiers-en-Bière, a unos “hombres de apariencia española (¿?) pero que no hablaban exactamente español”.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 22 de març de 2010

Comentaris

Entrades populars d'aquest blog

Exèquies laiques: el capdevilisme

¿Qué es una nación?

Barthes, el símptoma