Otro enigma Larsson

Este viernes se estrenó la tercera película de la saga Larsson. Ya saben, el sueco que ha vendido millones de novelas al estilo Cid Campeador, después de muerto. Las tres novelas de Millenium son un ejemplo de acción trepidante, incluso trepidantesca. Son relatos sin demasiados meandros para que el lector tenga siempre la sensación de avanzar. Juego vertical. Stieg Larsson, que añadió una e a su nombre real Stig para no ser confundido con un autor homónimo, noveló los temas que le preocupaban como periodista: el maltrato a las mujeres, la explotación sexual, la especulación, los grupos ultraderechistas y las cloacas del sistema. Para investigarlos, se inventó la revista independiente Millenium y unos personajes heroicos, entre los que destaca la extraña pareja protagonista: el aguerrido Mike Blomkvist y la asocial Lisbeth Salander. Y ahí dio en el clavo hasta alcanzar un éxito insospechado. Sus tres novelas no sólo han vendido millones de ejemplares en decenas de lenguas, sino que han revitalizado el género negro y han estimulado la curiosidad sobre la novela escandinava. Cierto es que el inspector Wallander de Henning Mankell ya era popular, pero el actual boom editorial de novela negrocriminal (que diría el avispado librero Camarasa) se ha enganchado a la locomotora Larsson. Y la máquina tira tanto que acabarán montando un museo del ferrocarril. Larsson protagoniza un relato posmórtem que ríete tú de las aventuras de su criatura Blomkvist. Como probablemente sabrán aunque no hayan leído las novelas, murió antes de saborear el éxito y sus herederos libran, desde entonces, una agria disputa por los pingües beneficios. Su viuda Eva Gabrielsson (con la que nunca se casó) no acepta ningún trato que no le garantice el control total del legado. De momento, el clan Larsson (padre y hermano) pasa por caja. A todo esto, su amigo Kurdo Baksi, un activista por los derechos de los emigrantes que sale como personaje en Millenium, ha publicado un libro sobre Larsson que tampoco gusta a la viuda airada. Y, para acabar de rematarlo, Anders Hellberg, que fue jefe de Larsson en una agencia de noticias, escribió este enero en el Dagens Nyheter un artículo que podría ilustrar la palabra mezquino en todas las lenguas y dialectos excepto en menorquín.

El cine sueco también ha visto la ocasión de sacar tajada del pastel Larsson trasladando la trilogía a la pantalla. La primera película, rodada en cinemascope por Niels Arden Opley, ha obtenido un gran éxito de taquilla en los países no anglófonos (en el Reino Unido se estrena este viernes y en los Estados Unidos el viernes 19). Las otras dos, dirigidas por Daniel Alfredson, se han rodado en formato televisivo, pero también aprovechan el circuito de los cines antes de mutar en serie. (Y antes de que Hollywood arrase con su versión, en la que quizá George Clooney ejercerá de Blomkvist.) El viernes tuve ocasión de ver La reina al palau dels corrents d'aire en los Ocine de Girona (antes Oscar, hasta que Hollywood se lo prohibió), en un acto organizado por Biblioteques de Girona, Museu del Cinema y Llibreria 22. No es una peli muy lograda. Tal vez sea la peor de las tres. Pero contiene una imagen memorable que sin duda se sumará a la leyenda de Larsson. La vemos en primer plano, en la parte posterior del automóvil de uno de los espías del malvado grupúsculo incrustado en los servicios de inteligencia sueco. ¿Saben qué luce ese vehículo? Pues ni más ni menos que un adhesivo del burro catalán. Blanco. Otro enigma más en el caso Larsson.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 8 de març de 2010

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