dimarts, 9 de març de 2010

Contante y malsonante

Tal vez los lectores de Malcolm Lowry tengamos una idea un poco distorsionada, pero en general se asocia la carrera diplomática a la elegancia, la pulcritud y las buenas maneras. Embajadas, consulados, recepciones, audiencias... son palabras cordiales, tal vez un poco huecas, pero siempre confortables. Tan vacías y confortables como las declaraciones de la diplomacia, redactadas con tipografía de terciopelo. El lado oscuro, que de haberlo haylo, viaja en valija. Discretamente. Por eso es tan poco habitual que un diplomático se salga del guión y cometa alguna estridencia que le exponga. Y aún más cuando lo hace a su pesar, como sería el caso del diplomático paquistaní de 55 años Akbar Zeb, alto comisionado en Canadá. Hace unas semanas, saltó la noticia: Zeb había sido rechazado por las autoridades de Arabia Saudita como posible embajador paquistaní por razones priápicas. Por lo visto, en lengua árabe Akbar Zeb puede ser traducido como "pene mayor" (o "la polla más grande", según el registro utilizado), con el consiguiente alboroto. La historia de Akbar Zeb (¿estudiaría árabe Jean Nouvel antes de diseñar la fálica Torre Agbar?) se propagó como la pólvora a través de múltiples blogs. Y de ahí a los diarios. Yo la leí en El País el lunes 1 de marzo, pero cuando intento contrastarla topo con un desmentido anterior de este miembro eminente, ejem, del cuerpo diplomático paquistaní. El 17 de febrero Sarah Boesveld ya recogía el desmentido en el diario canadiense The Globe and the Mail. Akbar Zeb, en cuyo currículum figura haber ejercido de embajador en Estados Unidos, India y Suráfrica, afirmaba que nunca habían querido nombrarle embajador en Arabia Saudita, y que todo era una broma grosera (el clásico hoax internáutico). En cambio, la noticia sabrosona reproducida en muchos medios europeos añadía que no es la primera vez que le ocurre, y que antes ya le vetaron por idéntico motivo los gobiernos de los Emiratos Árabes Unidos y Bahrein. El rumor podría proceder de un artículo en el Arab Times que ha sido borrado de la red. En todo caso, con desmentido o sin él, el bueno de Akbar Zeb, cuya lengua es el urdu, no puede negar que su nombre es malsonante en lengua árabe.

La malsonancia interlingüística es un azar imprevisible. Se dan casos constantes de ello. Conocí a una preciosa arquitecta italiana llamada Caterina Memeo que, cuando se instaló entre nosotros, tuvo que desplazar el acento en su apellido (palabra llana e inocua en italiano) e insistir que se llamaba Mémeo para evitar las chirigotas urinarias que suscitaba. El caso de Zeb tiene toda la pinta de ser un bulo. Yo mismo pensé en lanzar alguno cuando el gran centrocampista Phillip Cocu volvió el año 2004 al PSV Eindhoven. Si le hubiera fichado un club francés lo hubiera pasado mal, porque en francés "cocu" significa "cornudo". También el croata Davor Suker (¿le recuerdan vestido de blanco? ¡qué rabia daba!) hubiera resultado impactante en la Premier's League, ya que en inglés "sucker" significa "mamón". ¿Y qué me dicen del jugador rumano del Stuttgart Ciprian Marica? El mundo del deporte está lleno de personajes malsonantes cuyos nombres son coreados sin problemas. Mi preferido siempre fue un jugador de baloncesto que jugó, entre otros, en el Joventut de Badalona: el gran Tanoka Beard. Me imagino que ni llegó a saber que, en catalán, un tanoca es un bobo y de ahí el gusto de la afición rival por corear su nombre. Si Akbar Zeb fuera catalán se llamaría Josep Gros, y todos le conoceríamos familiarmente como Pitu, Pitu Gros. O Titot.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 9 de març de 2010

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