dijous, 22 d’abril de 2010

Aniversarios de futuro

Llegados a cierta edad, ay, los números redondos empiezan a suscitar fiestas más o menos sorpresa. No son igual de salvajes las de los treinta que las de los cuarenta o los cincuenta. El elemento sorpresa es detonante. ¿Quién no ha visto el pánico reflejado en la cara de un homenajeado? Normalmente es pasajero, un instante de susto que pronto se ve superado por el torrente de emociones que suscita la congregación de amigos, conocidos, ex novios y saludados bajo un mismo techo. Pero en algunos casos resulta intolerable. Insuperable. Hace años fui a una extraña fiesta de aniversario de un ex profesor a quien hacía décadas que no veía. La organizaba su mujer, a quien no tenía el gusto de conocer. Coincidí con algún otro ex alumno, que asistía igual de engañado que yo, pero fue todo muy raro. Al poco, nuestro ex profe se separó y hoy ha abrazado la fe evangelista de su nueva pareja. Este domingo asistí a la fiesta de sesenta aniversario de mi amigo Joan Josep Isern, a quien conozco desde la última vez que nos visitó el cometa Halley. Nada que ver con la de mi ex profe. De entrada, aunque su mujer Anna se encargó de casi todo, sólo hubo una sorpresa, que es la que suscita este artículo. Además, se celebró en una de las espaciosas salas de La Caldera, un centro de creación de danza y artes escénicas que sobrevive en pleno barrio de Gràcia gracias a la crisis inmobiliaria (renovación de alquiler en vez de todos al suelo y piso que te crió). Hubo las fotos de rigor, recuerdos de familia, regalos y el canónico "aniverari feliç", pero dos elementos pergeñados por los tres seres más próximos al neosesentón marcaron la diferencia. Por un lado, uns mots encreuats elaborados por su hijo Marc a partir de las definiciones que aportamos los asistentes. Por el otro, una canción grabada por su hijo Eloi con las voces y mensajes de casi todos. Los dos regalos tienen un sentido pleno. Desde que le conozco, Joan Josep Isern se desayuna (permítaseme el reflexivo) los dos crucigramas de La Vanguardia cada mañana. El de Fortuny y el mío. Además, cuando le gusta una definición la reproduce en su blog Totxanes, totxos i maons. Además, Jotajota vivió en primera fila la eclosión musical del grup de Folk, el rock Laietà, los Setze Jutges y otras movidas similares.

Por eso se imponía una canción. Por eso y porque sus hijos Marc y Eloi Isern se dedican profesionalmente al mundo musical. Y la escogida fue las "Corrandes de la parella estable" de los Manel, que suscita la improvisación de nuevas estrofas por parte del público que siempre terminan "i ens ha costat Déu i ajuda arribar fins aquí". La misma que ya ha pasado a la historia porque precipitó la renovación de Guardiola tras el concierto del Palau. La misma que tiene todos los números para devenir un clásico en todas las fiestas de aniversario. O sea, que los invitados fuimos convocados a un estudio para demostrar nuestras limitaciones vocales y letrísticas. Sin duda, la mejor fue su mujer, Anna, que retrató a su propio con dos referentes: "A mi m'agraden els Simpson, tu ets més de mirar El Temps, i ens ha costat Déu i ajuda arribar fins aquí". Como puede apreciarse, la grandeza de estas "Corrandes" es que no hace falta que rimen ni por asomo. De ahí su enorme potencial de futuro. Si las esquelas son patrimonio de Martí i Pol y los Chiquiparks del Club Súper 3, de ahora en adelante los aniversarios adultos serán un terreno de los Manel. Como se enteren en la SGAE son capaces de enviar a sus inspectores a todas las fiestas de aniversario tarareando "i ens ha costat Déu i ajuda arribar fins aquí".

Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 22 d'abril de 2010

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