El volcán islandés

Los primeros días de erupción me entretuve coleccionando trabalenguas. Los mejores profesionales de la radio y de la televisión hacían una paradiña antes de enfrentarse al nombre del volcán islandés de marras. Eyjafjalla, ahí es nada. O peor aún, Eyjafjallajökull (glaciar de las montañas isleñas) en los medios anglosajones, porque se trata de un glaciar bajo el que se producen las erupciones volcánicas. El viernes aparecieron en la red los primeros videos con fragmentos de noticiarios capturados justo cuando pronunciaban el nombre del volcán. Lo hallarán si buscan en Youtube "eyjafjallajokull pronunciation". El video se inicia con la pronunciación islandesa canónica, tal como está grabada en Wikipedia. Francamente, no resulta nada fácil de reproducir, tal como lo demuestran luego diversos locutores anglosajones que mentan al volcán cenizo por su nombre. Lo que ha quedado claro es que la influencia de las cenizas de un volcán islandés es muy superior a la que pueda tener cualquier reliquia santa. Más allá de las pérdidas tremendas que está provocando en el sector aéreo, estos días sin aviación civil generan multitud de historias cruzadas con las que se podría escribir una novela. Sin ir más lejos, hoy empieza en Londres la segunda feria del libro más importante del mundo, tras la de Frankfurt, y un gran número de los editores y agentes literarios que se dan cita cada año en ella se hallan desperdigados por los cinco continentes (y sobre todo por dos), releyendo Under the volcano de Malcolm Lowry mientras siguen en los noticiarios la evolución del volcán cenizo.

Tal vez conscientes de la dificultad fonética que suponía enfrentarse a este topónimo islandés, a partir del viernes detecté que la mayoría de nuestros profesionales del micrófono optaba por fórmulas alternativas, del tipo "un volcán de nombre impronunciable", siempre dichas en tono dicharachero. Finalmente, sólo los medios de comunicación escritos parecen decididos a mantener el nombre del volcán en sus informaciones, aunque por razones más bien relacionadas con los verbos ingleses copy & paste. (Sin copiar y pegar, la diversidad de grafías es casi tan vasta como la de pronunciaciones). Al final, quienes deberían decir el nombre del volcán cenizo han decidido, casi unánimemente, prescindir de él. De modo que ahora todos los noticiarios ya hablan del "volcán islandés" (como si Islandia no fuese una isla plagada de volcanes) y se quedan tan anchos. No les critico. Intenten pronunciar Eyjafjalla como quien no quiere la cosa y ya verán. Eyjafjalla. O peor aún, Eyjafjallajökull. Lo más seguro es que acaben ingresados con una luxación en la lengua. Recuerdo que una vez me dediqué a buscar los nombres propios que provocaban más confusiones verbales. Internet permite búsquedas inimaginables. Al final de mi ardua investigación, dos personajes graníticos del siglo XX encabezaban mi ranking de los más confusionarios: el disidente ruso Aleksandr Solzhenitsyn y el actor norteamericano de origen austríaco Arnold Schwarzenegger. Yo creo que el volcán cenizo de Eyjafjalla podría aspirar a sucederlos. Tal vez para evitarlo, en Twitter ya han empezado a llamarle Eyja. Algo es algo. Así se comportaron los sabios aficionados andaluces con dos míticos futbolistas de los ochenta, el portero ruso Rinat Dasayev que jugaba en el Sevilla y el yugoslavo (bosnio) Faruk Hadžibegi? que jugaba en el Betis. Al primero los sevillistas le llamaban Rafaé. Con el segundo, los béticos decidieron no complicarse la vida, de modo que le llamaron Pepe.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 19 d'abril de 2010

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