diumenge, 4 d’abril de 2010

¿Eres un inútil?

Durante años deseé con todas mis fuerzas ser declarado inútil. Oficialmente inútil. Mi máxima ambición era conseguir la exención del servicio militar en el ejército español por algún tipo de tara física o mental que me inhabilitara para vestir de uniforme (pero no para ir por la vida, claro). Incluso llegué a quitarme las gafas durante todo un verano para ver si así aumentaban las dioptrías de mi astigmático ojo derecho (el izquierdo ya daba la talla) y los médicos militares me declaraban inútil. Pero ni por esas. El astigmatismo quedó tal como estaba y la poca hipermetropía que también tenía incluso mejoró un poco, de tanto forzar la vista. Al final desistí de mi objetivo inutilitarista y objeté de conciencia contra el servicio militar (y contra el civil). Ese punto de inflexión en mi vida (incierto en su momento y feliz, visto en perspectiva) supuso, entre otras cosas, que abandonara aquellos delirios de inutilidad. Dejó de interesarme ser un inútil y decidí aprender a manejarme en las cuestiones prácticas, que nunca antes habían sido mi fuerte. Aprendí a cocinar, a ir en moto y a escribir en extraños aparatejos de la marca Armstrad. Años después, a los cuarenta, desaparecieron también mis dioptrías, tanto las del astigmatismo como las de la hipermetropía, gracias a la tecnología láser, de modo que la inutilidad desapareció de mi horizonte.

Hasta que el viernes recibí una publicidad del nuevo servicio Soci Plus del RACC con un encabezamiento que me llenó de añoranza: “A casa teva, qui penja els pretatges?” Yo no. Siempre lo ha hecho mi pareja. Yo cocino y ella cuelga los cuadros. La verdad es que con un black and decker en la mano soy un peligro. Un inútil peligroso, vamos. En la publicidad del RACC aseguran que a partir de ahora, si contratas el Soci Plus, vienen ellos y te los cuelgan. Caray. Soy socio del RACC desde hace muchos años. Si no fuera que, hoy por hoy, en casa ya lo tenemos solventado, por un módico precio podría añadir este servicio black and decker. Intento imaginarme al mecánico de la moto amarilla llamando a la puerta de un piso con el casco bajo el brazo, junto a su enorme maletín. “Buenas, que venía a clavarle un clavo”. Tal vez estemos ante un nuevo mito erótico para la mujer (o el hombre) del siglo XXI. “A casa teva, qui penja els prestatges (guapa)?” ¿Habrán pensado los ideólogos de la campaña en un perfil de familia monoparental, en la que el cónyuge inútil, al separarse, requiere de los servicios de un profesional incluso para clavar un clavo? ¿O simplemente creen que el grado de inutilidad manual está aumentando? Tal vez trabajan con encuestas, como los políticos. “¿Tiene usted cuadros en la pared? ¿Sabe usted clavar un clavo? ¿Cuándo fue la última vez que empuñó un black and decker?” En su día, la campaña de IKEA “Redecora tu vida” tuvo una trascendencia social, hasta el punto que este eslógan actuaba de sinónimo del enojoso “nos estamos separando”, siempre en presente contínuo. Te decían “estoy redecorando mi vida” y ya sabías a qué atenerte. Sigo explorando la campaña Soci Plus del RACC. Veo que también se ofrecen a conectarte la consola de tus hijos, la TV y la TDT, un coche de sustitución en caso de avería, una revisión de seguridad a domicilio e incluso se ofrecen a llevar el coche al taller o a la ITV. Caray. Excepto llevar el coche al taller (de lo que aún me veo capaz), el resto de servicios cubren todo mi catálogo de inutilidades. Si mi pareja me dejara (por inútil), en vez de apuntarme a un club de singles, contrataría el Soci Plus del RACC.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns 29 de març de 2010

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