La máscara de la libertad

Escuché en “Versió Rac 1” de Toni Clapés al hotelero Joaquim Miró, del Hotel La Residència de Cadaqués, un establecimiento de quince habitaciones que no tengo el gusto de conocer. El periodista Marc Serra ha reseguido la pugna jurídica que este hotelero mantiene contra el portal de información turística Tripadvisors. Miró está indignado porque este portal publica críticas muy negativas sobre su hotel escritas por presuntos clientes a los que él asegura no haber dado cobijo. Sostiene Miró que son infundadas las informaciones publicadas sobre el mal trato (e incluso el maltrato) que la dirección del hotel (él mismo) dispensa a la clientela. Tripadvisors es uno de esos portales sobre servicios turísticos en los que los usuarios pueden colgar sus comentarios. Cada vez los utilizamos más y les hacemos más caso, porque nos permiten conocer las opiniones de viajeros sin intereses económicos en el sector. Presuntamente. La verdad es que en Tripadvisors se pueden leer críticas feroces contra el Hotel La Residència, e incluso en algún caso (de 2008) se publica la réplica enviada por la dirección del hotel explicando su versión de los hechos. El conflicto tiene, pues, una cierta antigüedad. Desde junio pasado la web oficial del Hotel La Residència de Cadaqués muestra un aviso previo (una ventana desplegada) en el que podemos leer que la dirección se reserva el derecho a emprender acciones legales contra quienes establezcan denuncias infundadas por internet. En el diálogo suscitado por Marc Serra y el equipo de Clapés, el señor Mir se mostró indignado y dispuesto a sostener esta incierta lucha jurídica contra un gigante incorpóreo como Tripadvisors, con sede legal en Estados Unidos. Explicó su versión de alguno de los conflictos con (presuntos) clientes que subyacen en las críticas y demostró ser un hombre de carácter (ampurdanés). Sin duda, la interpretación de un litigio entre un cliente y un hotelero es siempre una cuestión delicada, pero las apasionadas quejas del señor Miró sucitan unas cuantas consideraciones interesantes.

En primer lugar, la fiabilidad de las opiniones (libremente) vertidas por usuarios en un portal como este. Sostiene Miró que Tripadvisors no verifica las críticas que publica y nos emplaza, ante notario, a enviar cualquier mensaje falso con la seguridad que será aceptado y publicado. Tiene razón. En segundo lugar, la idoneidad de la crítica. Sostiene Miró que su establecimiento ya ofrece los canales adecuados para una queja en toda regla, es decir, el correspondiente libro de reclamaciones controlado por las autoridades turísticas. Por más que también tiene razón, la influencia de los portales turísticos le da veinte vueltas a las hojas de reclamación. Sostiene Miró que una mano negra se dedica a difamarle. A mí las teorías conspirativas siempre me acaban pareciendo patologías, pero sin duda no hay nada más sencillo que montar una campaña contra un hotel por la red. Basta con un puñado de mensajes. Fisgoneen entre los mensajes (anónimos) de los diarios digitales y se percatarán que hay verdaderos expertos en la difamación compulsiva. En los portales culturales o mediáticos muchos de los implicados en las obras reseñadas escriben mensajes como posesos a favor suyo y en contra de sus enemigos. La libertad de expresión es fundamental, pero pretender ejercerla anónimamente es tan tramposo como pretender ejercer la censura sobre las críticas que nos dejan mal. El símbolo de la libertad de expresión, recordémoslo, es una máscara con la boca tachada. En plena era digital, la máscara debería ser transparente.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 30 de març de 2010


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