Lengua y poder

Albert Pla Nualart, responsable lingüístico del diario Avui durante los últimos veinticinco años, acaba de publicar un libro en el que recoge algunos de sus certeros artículos sobre cuestiones lingüísticas. Se titula Això del català (podem fer-ho més fàcil?) (Columna) y viene precedido por un prólogo del lingüista más prestigioso de la lengua catalana, Joan Solà, cuya primera frase es: “Aquest llibre provocarà polèmica”. Tiene mérito que Solà prologue a Pla porque este se despacha sin empacho contra algunas actitudes (pasadas y presentes) del Institut d’Estudis Catalans y Solà es el actual vicepresidente del organismo. Bravo por Solà. Pla Nualart ofrece dos libros en uno. De entrada, un ensayo sobre las posibles reformas que acortarían la distancia entre el uso natural del catalán y la normativa que transmitimos a quienes lo aprenden (alguna de ellas tan audaz como reivindicar el “lo neutre”). Luego, un amenísimo repaso por las dudas lingüísticas más habituales. compuesto por artículos ya publicados, entre los que destacan las recentísimas “terrassetes”, verdadero detonante del libro. Esta segunda parte, escrita con gran claridad de ideas, ejemplos afinadísimos y un estilo ejemplar, recuerda otros esfuerzos recientes en la misma línea, como los dos volúmenes del lingüista Rudolf Ortega Tinc un dubte y Tinc més dubtes (La Magrana), y están en sintonía con otros libros lingüísticos de Pau Vidal, Jordi Palou, Toni Soler, Ramon Solsona o Enric Gomà. Cada vez son más los autores capaces de transformar la lengua (catalana) en asunto alejado de mártires y herejes. En cuanto a la primera parte del libro, que es la que lleva al maestro Solà a vaticinar polémica, merece una lectura atenta (y crítica). Cierto es que parece una mutación extendida de prólogo y que, en algunos momentos, salta de un extremo al otro con la agilidad de un patinador, pero el discurso de fondo vale su peso en oro. Pla Nualart escribe a sabiendas, porque lleva un cuarto de siglo batallando de un modo fabril con la lengua de los periódicos, que ni es el registro literario ni el coloquial. Además, demuestra una envidiable capacidad para distanciarse, en lo posible, de las posiciones ideológicas que lastran cualquier discusión lingüística. Su estilo es opinativo y contundente, sin subterfugios florentinos, pero siempre basa sus opiniones en experiencias, prescindiendo de teorías, tabúes e hipotecas eruditas. Leyendo a Pla Nualart tengo la sensación que podré seguir escribiendo mis libros en una lengua joven, más implicada en el presente que en su pasado glorioso o su futuro incierto. Y eso me gusta, porque básicamente me interesa el presente, que es el tiempo en el que vivo y en el que escribo.

Nuestra tradición lingüística es academicista. El Institut d’Estudis Catalans acaba de designar como miembro numerario de su sección filológica al ilustre periodista y filólogo Joaquim Maria Puyal. Es, probablemente, la primera incorporación insigne a la sagrada iglesia de Mestre Fabra de alguien que se ha pasado media vida trabajando con la lengua catalana en los medios de comunicación. Está muy bien que el IEC se nutra de filólogos y escritores, pero tal vez ya sería hora que también tuviera en cuenta a periodistas, traductores, correctores y lingüistas que se enfrentan, desde hace décadas, con los problemas cotidianos de una lengua viva. Si la sección filológica del IEC quiere estar al quite deberá contar con profesionales como Pla Nualart (Avui), Ricard Fité (El Periódico), Oriol Camps (Catalunya Ràdio), Magí Camps (La Vanguardia) y otros lingüistas que se arremangan.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 8 d'abril de 2010

Comentaris

  1. El IEC dio acceso a esos profesionales arremangados al crear el Forest, es decir, el foro de estandarización donde todos ellos pueden hacer sus aportaciones al borrador de la nueva gramática de la lengua catalana (dirigida, por cierto, por el vicedirector de la Academia Valenciana de la Lengua). Vean:
    http://www2.iec.cat/institucio/presidencia/Sereiec/forest/benvinguda.htm

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