dijous, 8 d’abril de 2010

Me levantaré y aplaudiré

Sigo con atención las declaraciones de Pep Guardiola, cuya proyección del discurso es siempre ejemplar. Cuando su trayectoria como entrenador de éxito ya haya pasado a la historia (espero que dentro de muchos años), junto a sus estrategias futbolísticas convendrá estudiar sus enormes habilidades comunicativas. Su corrección innata, tan gratificante en un ámbito vocinglero como el del fútbol, no se limita a los aspectos formales del discurso (tono, multilingüismo, ironía, empatía) sino que se proyecta semánticamente con la fuerza de los creadores de opinión. Cuando en plena Semana Santa, con los trascendentales partidos ante el Arsenal y el Madrid en el horizonte, clamaba por la importancia del choque previo ante el Bilbao, su capacidad verbal le permitía eludir el inevitable eco de palabras huecas que retumbaría si fuera otro entrenador quien pronunciara el tópico: el-partido-más-importante-es-siempre-el-siguiente. Luego, el partido se juega con una intensidad muy convincente. La adecuación del discurso a su pensamiento es total, o así nos lo parece, con lo que su credibilidad queda reforzada. No exigía tanta capacidad retórica el hecho de remarcar la importancia del partido de esta noche ante el Arsenal, pero aún así el discurso dominante que vive a la sombra del Florentinato ha insistido en minimizarlo a la espera del choque del sábado en el Bernabeu. Pero Guardiola, como también el presidente Laporta, han sabido romper ese discurso blanco con un énfasis persistente en la importancia del compromiso europeo, el mejor modo de dar brillo a la ausencia del rival del sábado en la máxima competición continental.

Dos detalles me han llamado la atención de las palabras de Guardiola en estos días. El primero es el recuerdo a Palop. En la rueda de prensa posterior al partido del sábado, cuando el discurso del Florentinato insistía en centrar toda la atención en la liga, Guardiola marcó la diferencia entre los equipos que disputan una sola competición y los que, como el Barça, disputan dos. Fue entonces cuando su voracidad de campeón se hizo patente, al recordar que el Barça no disputa las tres “porque Palop lo paró todo”. Tiene razón. El partidazo de Palop en la vuelta de Copa fue de aúpa. Guardiola lo recuerda para conjurar (espero) el recuerdo paralelo del partidazo de Almunia en el Emirates Stadium. El segundo detalle fue previo al partido. Guardiola concretó la idea (tabú para el barcelonismo) de perder en el Bernabeu y, sin embargo, ganar la liga: “Si no somos campeones con 98 puntos, me levantaré y aplaudiré al Madrid”. Otra vez la elegancia y la contundencia sabiamente combinadas. 98 puntos los conseguiría el Barça ganando siete de los ocho partidos que le restan. Se trata de quitar hierro, claro, al clásico del Bernabeu, apelando a la aritmética pero sin repetir el tópico del “matemáticamente-posible”. Pero la frase también contiene una dosis justa de presión para el equipo blanco, porque presupone que el equipo blanco tropezará en alguno de los compromisos pendientes, a la vez que Guardiola se impone para sí 21 de los 24 puntos en juego. Ahí es nada. Ganándolo todo, este Barça rompería un techo inimaginable: acabar la liga de los tres puntos con una puntuación (capicúa) de tres cifras: 101. Pero Guardiola se conforma con la generación del 98. Claro que la formalización amable de “levantarse y aplaudir al Madrid” alude de un modo diáfano a la mítica figura del bigotudo con bufanda blanca que se levantó y aplaudió el tercer gol de Ronaldinho. ¿Lo recuerdan? Se levantó y aplaudió.


Màrius Serra. La Vanguardia. 6 d'abril de 2010

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