dimarts, 27 d’abril de 2010

Zoología y criptopolítica

Este domingo, una carta al director de Javier Resines (Madrid) criticaba la posición sobre la criptozoología expresada por el biólogo Eduardo Angulo en La Contra del pasado 19/IV/2010. La criptozoología es una disciplina que se debate en el ambiguo territorio que separa la ciencia de la leyenda. Como su nombre indica, se centra en la investigación de las especies animales aún no tipificadas por la ciencia zoológica, porque sus individuos permanecen inaccesibles u ocultos. El nombre de esta disciplina, acuñada en los años cincuenta por el zoólogo franco-belga Bernard Heuvelmans, es indisociable de espectaculares leyendas nunca demostradas: el monstruo del lago Ness, criaturas marinas como el Kraken u homínidos montañeses como el Yeti. En el otro platillo de la balanza cabría situar al Celacanto (un pez prehistórico que se creía extinguido hasta que empezaron las capturas de ejemplares que habitan las fosas abisales), los dragones de Komodo o ciertos calamares gigantes. El lector Resines acusa al biólogo Angulo de responder con "folklorismos, banalidades e incongruencias que sólo sirven para confundir al público y pretender hacer creer que la criptozoología es algo así como un muestrario de falsos monstruos de circo". Le doy la razón al lector. Leí la Contra a Angulo tras haberme zampado el espléndido libro del valenciano Rafael Alemañ Berenguer dedicado a la materia -Criptozoología (Melusina)- y las respuestas de Angulo me parecieron de una prepotencia intolerable. Siempre he sido un defensor acérrimo del método científico. Además, segrego escepticismo en cantidades industriales ante cualquier mixtificación. Pero en este caso, los prejuicios corporativistas del biólogo Angulo contrastan con el rigor científico del planteamiento de Alemañ, en cuyo documentadísimo libro jamás cae en la mixtificación. Reproduce datos, imágenes y relatos de fuentes diversas con espíritu crítico y la voluntad explícita de alejarse de la implicación emocional que exhiben algunos héroes del género, como el montañero Reinhold Messner (en el caso del Yeti) o el reportero Tim Dinsdale (en el de Nessie). Al contrario, Alemañ recoge hasta el último detalle de todos los fraudes que se han demostrado en un campo tan propicio al deslumbramiento y el engaño. Algo que ya me gustaría poder decir con la misma contundencia de la historia reciente de los descubrimientos científicos, muchas veces enturbiados por oscuros intereses comerciales.

Este conato de debate científico me ha hecho pensar en la actual situación política española, que anda llena de criaturas del pasado repentinamente reaparecidas. La criptozoología da la sensacionalista posibilidad de descubrir nuevos ejemplos de biodiversidad (cuanto más monstruosos, mejor, porque nadie paga por ver una nueva especie de rana), pero topa con los recelos del poder científico. La criptopolítica del franquismo topa con ese mismo tipo de recelos, y si no que se lo pregunten al intrépido juez Garzón. El mismo que, por cierto, en 1992 se conjuró con el estos días tan loado ex falangista Samaranch para enchironar (preventivamente) a una multitud de independentistas catalanes de un modo tan poco ajustado a derecho que le supuso una condena del Tribunal de Estrasburgo. Que Falange esté activa en pleno 2010 es remarcable, pero jamás estuvo oculta. Lo verdaderamente preocupante es la panda de celacantos franquistas que sobreviven atrincherados en las fosas abisales del poder judicial español. Nessie y el Yeti son unos angelitos al lado de estos pájaros de mal agüero.

Màrius Serra. La Vanguardia. Dimarts, 27 d'abril de 2010

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Entradas populares

Compartir