Barberà en Botorrita


La ínclita alcaldesa de València, cuyos vestidos rabiosamente rojos claman al cielo torero, ha vuelto a demostrar los límites del populismo. Andaba por tierras aragonesas cuando topó con un topónimo que le llamó la atención: Botorrita, 22 kilómetros al sur de Zaragoza. Ni corta ni perezosa, Rita bajó del coche y se hizo una foto junto a la placa de este municipio que contiene su nombre en clave electoral. Esa es una pulsión que conozco desde que, hace un cuarto de siglo, circulaba por Navarra con mi amigo Néstor Macià, dibujante y caricato, y un par de mozas de buen ver. De repente, pasamos por una localidad llamada Sarasa y decidimos fotografiarnos haciendo posturitas con un bolso ante el rótulo de la carretera, porque en esa época del pleistoceno sarasa era sinónimo de afeminado. Al poco nos publicaron la foto no sé si en El Jueves o en el Lib, y ganamos un premio en metálico que nos bebimos de inmediato. Había borrado de mi memoria este lamentable episodio hasta que el miércoles vi a Barberà en su blog luciendo palmito electoral ante el rótulo de Botorrita, como diciendo que a Rita la votarían incluso en Aragón. Los primeros comentarios que suscitó su facecia fueron de una cierta simpatía, pero tras los parabienes de los palmeros le han arreciado las críticas. El alcalde de Botorrita, del PAR, protestó airado, los antipeperos han puesto el grito en el cielo y los comentaristas más finos han reparado en la cuestión ortográfica. Porque resulta que botar con be, en castellano, es casi un antónimo de votar con uve: si votar a alguien significa "elegirlo para un cargo", botarlo significa "echarlo fuera". "Botadme", pues, es sinónimo de "echadme". Así las cosas, se me ocurrió que doña Rita podría estar abriendo una nueva línea de actuación para las campañas electorales que se nos avecinan. Acudí a la comunidad verbívora y planteé un foro Botorrita a los usuarios de verbalia.com.

Las aportaciones recibidas demuestran que Barberà acaba de innovar en una vía con muchas posibilidades electorales. De todos los futuros candidatos, el que tiene más posibilidades de explorarla es Artur Mas. Podría escoger fotografiarse a la entrada del Masnou, topónimo al que sus asesores sólo deberían añadir la palabra president. También tendrían posibilidades los municipios de Masquefa (siendo "quefa" catalanización de "jefe" o bien la pregunta "què fa?" ante una lista de propuestas) o Massalavés (Ribera Alta). La presencia masiva de Mas en nuestra toponimia sólo podría ser contrarrestada por Montilla buscando mensajes negativos. Por ejemplo, fotografiándose cerca de Montcada, en el Masrampinyo (como sugiere Claudi) o en una plaza de Olot llamada Capdenmàs (como me indica Adrià). Duran (según Verónica Falcó) podría fotografiarse en Durango (Go, Duran go, go/ Josean be good), el líder de Ciudadanos Albert Rivera podría recibir con inquietud una foto de Rosa Díez ante la placa de la comarca valenciana de la Ribera Baixa y el alcalde convergente de Figueres Santi Vila (según Josep Sansalvador) podría desplazarse hasta la Plana Alta castellonense para fotografiarse en Vilafamés. Pero es Ignasi Ripoll quien da en el clavo ante las elecciones más inminentes, que son las del Barça. Rosell, Ingla, Ferrer, Benedito y compañía harían bien de desplazarse hasta el municipio de Golmés (Pla d'Urgell) y, tras la foto de rigor, irse al Bages, y concretamente a Sant Salvador de Guardiola. Y todo eso mientras Florentino Pérez se pierde por Uruguay buscando Pueblo Mouriño, en el departamento de Durazno (nótese el seseo).


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 24 de maig de 2010

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