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Uno de los primeros recortes del conservador David Cameron va sobre ruedas. El flamante premier se carga los coches oficiales de los ministros. Y también los viajes en primera clase. Lo de los coches no me acaba de cuadrar. En Londres, puede que los ministros conservadores y liberaldemócratas se desplacen en metro, como tantos ejecutivos de la City, pero no veo a Cameron & Clegg conduciendo una furgoneta modelo Oleguer por la campiña ni prescindiendo de su chófer, esa figura que tanto juego ha dado como fuente periodística. O artística, y me remito a Lluís Llach. Tal vez, a la larga, sus señorías planeen mantener el servicio asumiendo los costos de sus bolsillos, y asistamos a la privatización en masa del sector del Rolls Royce y la gorra de plato. Dentro de unos meses veremos cómo se desplazan los ministros de su graciosa majestad por el interior de su país. Más comprometida parece la obligación de los miembros del gabinete de no volar en primera clase. Deduzco que si ellos no lo hacen ninguno de sus subordinados lo hará, por más alto funcionario que sea, y que eso desertizará la First Class en los vuelos de British Airways. Y si los ministros no van en primera, ¿quién lo hará? Descartemos a la Casa Real y a los mafiosos rusos, porque esos viajan en transporte propio, pero ¿y los demás? ¿Desaparecerá la mítica primera clase? En febrero, British Airways presentó su nueva First Class a bordo de un Boeing 777 en un vuelo de Chicago a Londres, tras invertir más de 100 millones de euros: una lujosa suite individual aislada, con una cama un 60% más amplia que la anterior, armario propio, una mesa-escritorio y una pantalla de plasma de 15 pulgadas. Si los señores ministros no pueden disfrutar de todas estas comodidades, ¿quién va a hacerlo? ¿Qué consejo de administración británico autorizará a sus ejecutivos a gastarse entre tres y diez veces el precio de la ya lujosa clase Business? Actualmente, British Airways ofrece cuatro clases: First (prohibitiva y, ahora, prohibida por Cameron), Club World (que es la "business"), World Traveller Plus (que es una turista superior, cuyo plus es el espacio) y World Traveller (turista, aunque no low cost).

De hecho, la crisis ya ha cancelado las butacas de primera en algunos vuelos largos de compañías serias como KLM, Delta, Qantas e incluso British Airways. ¿Qué será de los posh británicos si chapan la primera, que es su razón de ser? Porque el término posh (pijo) tiene una etimología popular, plausible aunque nunca demostrada y seguramente falsa, relacionada con el transporte. Posh provendría del acrónimo que figuraba en los mejores pasajes de primera en la travesía hasta la India por el canal de Suez: P(ort) O(ut), S(tarboard) H(ome), es decir, babor a la ida, estribor a la vuelta, que serían los que tendrían más sombra y, por tanto, los más frescos. Si la medida de Cameron ejemplariza, se acabó la primera. Y eso me aflige. He volado a cuatro continentes, pero nunca en primera (en business una vez en los noventa, pagando la administración). Sin embargo, el tema me interesa mucho desde que, siete años atrás, un oportuno overbooking me permitió tomar las medidas a una butaca de primera en un tramo del vuelo intercontinental que me traía de vuelta a casa y luego comprobé que era casi idéntica al incomodísimo sillón reclinable que la sanidad pública ponía a mi disposición cada vez que ingresaban a mi hijo discapacitado en Vall d'Hebron e iba a pasar la noche con él. Esa inesperada coincidencia cambió mi modo de mirar.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dijous, 27 de maig de 2010

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