dilluns, 10 de maig de 2010

Los chicos del "pre"

La semana pasada asistí en las Cotxeres de Sants a un acto organizado por el colectivo “Blaugranes en cadira de rodes”. Era lógico. Soy culé de nacimiento y de los últimos diez años me he pasado nueve y medio tras una silla de ruedas, empujando. El principal impulsor de la plataforma, el indómito Manel Mora, expuso de un modo muy gráfico las necesidades de su colectivo para acceder al Camp Nou en condiciones. Necesitan más ascensores y rampas que no tengan el desnivel de un Tourmalet, como ahora. Necesitan estar censados en una lista específica asociada a los espacios reservados. Necesitan poder comprar por Internet las entradas especiales de esos espacios, sin tener que desplazarse a taquilla, rueda que rodarás. Y necesitan con urgencia un cambio de ubicación en el estadio, porque desde las últimas filas del lateral donde están ahora sólo se ve el campo si todo el mundo se mantiene sentado. Lo que últimamente sucede poco. O les cambian de ubicación o a partir de la temporada que viene el Barça cambia su estilo de juego en el Camp Nou y renuncia a crear ocasiones de peligro y a marcar esos goles que levantan de sus asientos a todos los culés que tienen delante, cuyos culos conocen a la perfección. Aunque en tal caso ya me dirán qué interés tendría ir al campo.

En el acto de los “Blaugranes en cadira de rodes” la primera fila era antológica. En ella se daba una concentración elevadísima de precandidatos y notables de precandidaturas a la presidencia del Barça. Vi a Jaume Guixà, Agustí Benedito, Jaume Ferrer con Albert Perrín, Alfons Godall (de la candidatura de Ingla, Vicens y Soriano), Armand Sanz (de Salvat), Alexis Plaza y algún representante que no identifiqué de la precandidatura de Sandro Rosell. Manel Mora les hizo levantar de sus asientos uno a uno para firmar un compromiso preelectoral que constaba de los cuatro puntos. Con un par. A este ramillete de precandidatos se unieron, para la fotonoticia, el ex president Pasqual Maragall y Jordi Portabella, que de hecho también es algo parecido a un precandidato, en su caso por ERC a la alcaldía de Barcelona. Vivimos tiempos de efervescencia preelectoral. Lo del Barça es de escándalo, porque de todos estos precandidatos ya veremos cuántos llegan a las urnas, pero en el ámbito político lo pre también se impone en estos tiempos convulsos. De hecho, el propio presidente del Barça, Joan Laporta, que ya no puede volver a presentarse a las elecciones del Barça, no deja de ser un precandidato más. En su caso (y según sus palabras) a la presidencia de la Generalitat. Más o menos como el president Montilla o Artur Mas, aunque ellos ya han prescindido del pre y son candidatos con todas las de la ley a las inciertas elecciones catalanas de este otoño.

La cultura del pre se ha instalado en la vida política de un modo tan acusado que, una vez pautada por ley la duración de las campañas, las precampañas se alargan cada vez más. No resulta exagerado afirmar que vivimos permanentemente en precampaña electoral. Todo lo que no es campaña, es precampaña. ¿O por qué creen, sino, que el alcalde Hereu ha montado todo el tinglado de la consulta sobre el futuro de la Diagonal? Teniendo en cuenta que estamos a un año vista de las municipales, la sombra de la precampaña es muy alargada. Para acabarlo de rematar, los resultados de las elecciones del Reino Unido sitúan al parlamento “colgado” de una de las principales potencias europeas en estado PP: preelectoral perpetuo. Y el Barça, con la friolera de 96 puntos, aún es precampeón. Eso será lo primero que se resolverá.


Màrius Serra. La Vanguardia. Dilluns, 10 de maig de 2010

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